VV.AA.
Lola Mejías fue una poeta de gran calado. Una poeta de versos llenos de reflexión y una brillante autora que abre la nómina de este libro y ya invita a la lectura de toda su obra. No podemos más que dar las gracias a Ángel Guinda por haber rescatado sus textos, porque sería complicado abrir una antología de forma más brillante.
Entre los grandes autores de poesía que ha dado Aragón en el siglo XX se encuentra Carmen Serna. Esta afirmación no supone descubrimiento alguno, pero sí reivindica la importancia de la poeta y de su poesía para el resto de autoras que aquí aparecen (y me aventuro a decir que continuará siendo un referente para las que han de llegar). Su extensa obra confirma que se trata de una mujer que ha tenido mucho que decir y ha dicho bien. Su poesía merece estar presente en cualquier volumen colectivo que agrupe a poetas de su época. Es una voz femenina que se reivindica en cada verso, que no ha dejado nunca de buscarse.
Sol Acín fue otra de las figuras que a buen seguro servirán de inspiración para un gran número de mujeres. Su poesía es fruto de su vida y sus vivencias y como bien señala Antón Castro en el prólogo a su libro En ese cielo oscuro, su dulzura se entremezcla con aquello que dice sin llegar a hacerlo. Su presencia en esta antología llena el libro de fuerza y buen hacer poético.
Cristina Lacasa, pese a su larga trayectoria creativa, será un descubrimiento para muchos lectores. Su voz telúrica hace del amor el motor del mundo. Su dominio de la forma da a sus textos un acabado de trabajada perfección. Su compromiso humanitario le ha llevado a escribir: “Toda huella es mi huella”.
Como bien señala el antólogo en su nota inicial, tan solo una poeta ha gozado de cierta presencia en las antologías de carácter nacional publicadas hasta hace algunos años. Se trata de Ana María Navales. Poeta, narradora y activista poética, hizo de su voz un escaparate para su poesía y la de aquellos que tenían algo que contar (a través de la Revista Turia que codirigió con Raúl Carlos Maícas durante más de veinte años). Fue un terremoto que reivindicó siempre la voz femenina y luchó para que su identidad y su voz traspasaran todas las fronteras. Es, sin duda, uno de los grandes nombres de las letras aragonesas en el siglo XX, y su poesía permanecerá siempre en la de los demás (así como sus enseñanzas y su pasión por Virgnia Woolf o la literatura hispanoamericana).
Pilar Morte escribe desde la nostalgia y el sueño. Su poesía es una fórmula para narrar aquello que no se puede contar de otra forma. Ella busca la belleza de las cosas desde la belleza del lenguaje y sus cadencias.
Como lector, he de reconocer ciertas debilidades en esta antología, y una de ellas es Elena Pallarés. Sus poemarios, repletos de simbolismo y citas cruzadas y cifradas, se elevan por encima del hilo narrativo (en El malentendido), del trasfondo filosófico (Ajuste de cuentas) o de la realidad que la rodea y no la atrapa (Ella guarda secretos). Esta antología recoge algunas de sus mejores piezas, pero no cabe duda que se trata de una poeta a la que se debe leer desde el principio de su producción hasta el final. El tiempo y los lectores aguardan un nuevo poemario.
María Pilar Pallarés Dúkar dejó antes de que un accidente acabara con su vida unos cuantos poemas que advertían que podría haberse tratado (si el tiempo y la vida lo hubieran permitido) de una de las grandes voces de la poesía en Aragón. Su presencia en esta antología resultaba obligatoria.
Pilar Rubio Montaner es una poeta atenta a todo lo que sucede en la vida, a los grandes acontecimientos y a las pequeñas cosas. Desde estas líneas la recomendamos con vehemencia, y la reciente aparición de su último libro, Vidas pequeñas (en la editorial vallisoletana Difácil), supone una magnífica oportunidad para disfrutar con su poesía.
Pilar de Vicente Gella cuenta con una obra consistente por su extensión y la calidad de la misma. Su poética realista trata de conjugar la realidad con la belleza de las imágenes creadas a través de un lenguaje sencillo y cercano.
Amalia Soro busca la esencia de las cosas y de sí misma a través de la poesía. Sus poemas narran con agilidad y, finalmente, se dejan llevar por la evocación e invitan al lector a viajar junto a ella.
Trinidad Ruiz-Marcellán, gracias a la insistencia del antólogo, ha sido incorporada a la edición cuando el libro estaba ya en imprenta. El lector agradecerá que su ya histórica militancia poética como editora quede complementada con una mínima muestra de su escritura. Su poesía, arraigada a lo entrañable existencial, viene a ser una actitud ante la vida y una solución interior frente a la muerte.
Concha Vicente cuenta en su haber con el añadido del conocimiento teatral. Su poesía, una forma de vida, como ella misma afirma en su poética, combina diferentes modos de entender el mundo y la literatura.
Montse Grao busca en lo cotidiano la esencia de la vida y la existencia. Concisa, e influenciada por las formas poéticas orientales, ofrece una poética atemporal que no pierde de vista el tiempo y la naturaleza.
Goya Gutiérrez navega por los senderos de la poesía rodeada por la elegía y la épica. Conoce la importancia del ritmo en la composición poética, manejando este a su antojo para dotar a sus poemas de la musicalidad y los registros que ella desea.
Nuria Claver defiende una poética en la que las palabras recuperan el espacio fundamental que nunca deberían perder. Es una poeta que interroga continuamente al lector acerca de lo que le rodea, porque no deja de hacerse preguntas a sí misma.
Pilar Manrique es una conocida poeta y vital agente cultural de la ciudad. De ella han nacido algunos de los proyectos más estimulantes de los últimos años y ha creado de forma constante tertulias y colecciones que han dado cobijo a todas las voces.
Teresa Arbex es otra voz interesante en esta antología. Una poeta que dice desde lo cercano para alcanzar los sentimientos más profundos y elevados.
Ángela Ibáñez también comparte la poesía con otra faceta artística, de tal modo que su voz alcanza una mayor expansión dada la convivencia de perspectivas.
Sagrario Manrique combina la literatura con la pintura. Su proyecto literario va más allá del propio texto y es responsable (junto a otros autores) de la organización de tertulias y la creación de espacios para la libre expresión artística.
Milagros Morales es una de las grandes apuestas del antólogo. Su poesía, de corte existencialista y sentimental, es delicada e intimista, aunque ni por un instante se desprende de la idea de que la creación poética es solo una proyección de lo vivido.
Ana Alcaraz también es una poeta inédita hasta la aparición de esta antología. Su escritura es la representación de aquellos que necesitan de la poesía para entender la vida.
Una de las voces quizá más ocultas y que deben alzar la voz para mostrarse en toda su plenitud es la de Mª Carmen Gascón. Su poética, aparentemente sencilla, recoge la esencia vanguardista y ensaya continuamente con diferentes formas de decir en busca de los límites de la sintaxis y la poesía.
Magdalena Lasala es una autora por todos conocida, pero su faceta poética quizá haya quedado algo solapada por su enorme éxito como novelista. Su voz, deliberadamente sentimental y apasionada, recoge las voces de su tiempo y las voces femeninas de la Historia.
Otra de las debilidades que tengo como lector en esta antología es Luisa Miñana. Creo acertar si digo que pocas veces un primer libro de poesía ha sido tan extraordinario como Las esquinas de la luna. Para muchos lectores de fuera de nuestra comunidad, este ha de ser un feliz hallazgo.
María Otal es una poeta de instinto. Sus versos contienen el ritmo que ella ha digerido y ha hecho suyo en la escritura. Su voz está marcada por la búsqueda de la sonoridad y las cadencias rítmicas.
Anais Pérez Layed es pintora y poeta. Disfruta enormemente con la lectura de sus textos y es habitual en algunos de los ciclos de recitales de la ciudad (como “Poesía para perdidos”, coordinado por Fernando Sarría en La campana de los perdidos y organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores). Su pasión por la poesía y lo que la rodea es palpable en cada uno de sus textos.
Amparo Sanz Abenia es una poeta habitual en diferentes tertulias poéticas y su poesía es de corte confesional y de acusada sentimentalidad. Recorre los senderos de su alma y trata de hacerlos transitables al lector.
Lourdes Fajó es otra de las apuestas de Ángel Guinda. Une a la corriente sentimental el sentido del humor.
Francisca Sánchez Peiró juega con las palabras y su significado con el fin de hacer que el sonido se expanda hasta atrapar a los lectores. Asimismo busca en la esencia de esas palabras su propia esencia.
María Luisa Gómez es otra de las poetas inéditas hasta la aparición de este volumen. Su poética no esconde que bucea en lo más profundo del ser humano. Sus poemas son fruto de tal itinerario.
Otra de las voces que destacan en este panorama mostrado por Ángel Guinda es Teresa Agustín. Su voz es particular y contiene un sinfín de matices que hace que brille en cualquier circunstancia (en sus poemas, en sus libros publicados de forma individual y en las antologías en las que aparece —que son muchas—). Esta no es solo una de las apuestas del antólogo, también lo es de quien firma estas líneas.
Cuando alguien habla de poesía y de los lugares donde esta es bien recibida en la ciudad (Antígona, Fnac, El pequeño teatro de los libros, Candy Warhol, La campana de los perdidos…) siempre tiene en la cabeza a Loli Bernal. Entusiasta poeta y lectora que se ha dado a conocer en los últimos dos años, posee una voz en formación que se hace cada vez más poderosa.
Mª Pilar Martínez Barca representa un sesgo algo diferente de lo visto hasta ahora. Sus poemas tratan de desentrañar los enigmas del alma humana, pero sin perder de vista, ni por un instante, todos los conocimientos adquiridos en años de estudio y lecturas.
Pilar Peris es poesía y filosofía en carne viva. Sus poemas son la respuesta a las preguntas que cada individuo puede hacerse, a las mismas a las que ella se somete con el fin de encontrar la voz que hay tras los poemas y las ideas.
Mercedes Gaspar concibe la poesía como una forma más para comunicarse (ámbito en el que es experta), y como tal trata de enlazar los temas de sus poemas con aquello que pueda crear interés en el lector.
Elizabeth Hernández es una de esas poetas que tratan de devolver a la poesía, al sistema poético, si así se prefiere, todo lo que este le ofrece y, por ello, puede considerarse una pieza fundamental en la difusión de la poesía en Huesca. Sus poemas son un claro ejemplo de la pasión que siente por este género.
Belén López es otra de las voces que expresan con contundencia la necesidad poética. Ella busca en sus poemas, y en las conversaciones en las que participa, en tertulias y otros espacios, un camino idílico, lleno de magia, un sendero maravilloso por las palabras.
Ana Alcubierre concibe la escritura como una parte de sí misma, como un pequeño legado que el ser humano arroja en el universo para que este quede marcado de su esencia. Su poesía es de alto cariz narrativo y contundente en la construcción de imágenes.
Reyes Guillén representa con intensidad la razón de ser de esta antología, pues, a pesar de estar inédita hasta la fecha, sus poemas confirman la construcción de una personal voz femenina que se abrirá camino entre el resto (y esto no es solo un deseo) y ha de ocupar un lugar de privilegio. Una de las apuestas de Ángel Guinda que le dará la razón en poco tiempo.
Charo de la Varga es una poeta intensa. Comprende la poesía como un elemento más de la vida y, por ello, la compagina con el desarrollo de otras artes. Su escritura se aferra a los elementos que rodean al ser humano (el bosque, los animales, la noche) en busca de las palabras que nos hagan comprenderla.
A Carmen Aliaga la poesía la acompaña, la persigue, la arrincona frente al papel en blanco y la hace suya. No rehúye reflexionar en el propio poema sobre la escritura, sobre el oficio de quien sabe que en sus palabras está la verdadera razón de la acción poética. Participa en tertulias literarias, escribe, camina junto a la poesía.
Inmaculada Marqueta es poeta de la vida cotidiana, y de todo aquello que a esta rodea. Cerca de sus lectores, siempre, muestra pedazos de una vida marcada por la poesía.
Marta Navarro es poeta y bloguera. Sus versos están impregnados de vida y nos enseñan que en ocasiones es necesario contener el impulso de la escritura para que el resultado final del poema sea rotundo y preciso. Su primer libro es un regalo para aquellos que busquen una voz que se muestra tal y como es, que no se esconde, y dice versos que cualquier lector hará suyos.
El “mundo” poético se ha visto revolucionado en los últimos meses por la aparición del primer libro de poemas de Olga Bernad. Y esto ha sucedido porque la elegante y cadenciosa voz de la poeta ha atrapado hasta el último de los rincones de la poesía y sus lectores. Olga Bernad publica sus libros fuera de Aragón y hace llegar sus “caricias” —en forma de versos— a todos los lectores que se acercan a ellos.
Sonia Llera entiende la poesía como una manera de comprender el mundo, es por ello por lo que sus poemas afirman y comparten sus ideas con el lector. Es contundente en la expresión y construye metáforas de gran sutileza (y belleza). Una voz muy interesante.
Cristina Járboles viene de donde nace la poesía, de la noche y el fuego (si se me permite el juego de palabras con uno de sus poemas más impresionantes). Forma parte de una interesantísima generación de poetas aragoneses (Ángel Gracia, Miguel Ángel Longás, el fallecido Sergio Algora…) y su poesía es intensa como la vida misma. Conserva algo de la tradición surrealista en la configuración de sus imágenes y, sin duda, es diferente al resto.
Paula M. Gallardo es una poeta de ida y vuelta, como señala en su poética. Transeúnte de la vida y de la poesía, nos deja unos versos confesionales que, por su belleza, justifican a la perfección su presencia en esta antología.
A nadie sorprenderá en exceso encontrarse en estas páginas a Eva Amaral. Sus poemas y sus letras forman ya parte del universo de toda una generación. Enérgica e intensa, su voz se abre paso entre la historia. Los textos que aquí aparecen solo son una muestra de los poemas que, sin duda, guarda. Todos esperamos que esos versos vean la luz pronto.
La poesía de Brenda Ascoz es libre y anárquica. Inspirada por momentos, trágica y dulce en otros. Sus dos libros publicados son tan solo una muestra de su poesía, e invito a los lectores a que busquen sus poemas inéditos en las diferentes antologías y libros colectivos en los que ha participado. Forma parte del colectivo poético “22” (junto a otras poetas que aparecen en esta antología como Carmen Ruiz Fleta o Ana Muñoz —fundado por Ángel Gracia, Miguel Serrano, Dolan Mor, Jesús Jiménez, Migue Ángel Ortiz Albero, Nacho Tajahuerce y el desaparecido Sergio Algora—) y es una de las voces más personales e interesantes de esta recopilación.
Al autor de esta introducción le hubiera gustado tener el doble de espacio, por lo menos, para poder hablar por extenso de la poesía de autoras como Miriam Reyes. Responsable directa del cambio de la poesía en Aragón durante los años que aquí residió, Miriam Reyes es una de las principales voces de la poesía en español. Ella huye de los tópicos poéticos y construye una voz femenina que trasciende lo anecdótico para atrapar lo esencial. Los tres libros que ha publicado hasta la fecha (en editoriales de gran calado como DVD e Hiperión) han consagrado a la poeta (de mil lugares) entre los más grandes de la literatura actual. Imprescindible.
Elvira Lozano solo ha publicado un libro hasta el momento, pero su trayectoria da a entender que hay muchos libros dentro de ella. Últimamente fusiona sus poemas con la música de Franco Deterioro y el resultado no puede ser más estimulante.
Maribel Hernández es una de las irrupciones poéticas más significativas en el último año. Los poemas de su primer y único libro hasta la fecha, muestran a una poeta de convicciones estéticas firmes, que es capaz de introducir en un mismo poema diferentes texturas y voces. No es solo lo que ha escrito lo que la lleva a estas páginas; detrás de esto se intuye lo que ha de escribir.
Laura Lahoz, de formación clásica, consigue unir a la perfección la tradición poética con las nuevas formas. Otra de las gratas sorpresas de esta antología, se nos presenta con la sencillez del poeta que apuesta por lo cercano y lo hace universal al lanzarlo al mundo tras pasarlo por su interior.
Cuando alguien habla de Carmen Ruiz Fleta ya poco puede descubrir, pues su trayectoria literaria está fuera de toda duda, y se ha convertido por derecho propio en una de las voces más interesantes de la poesía en Aragón. El desgarro dulce de su verso forma ya parte de la vida de los lectores como la chica del biquini azul que primero duda y después cruza la piscina. Quizá es la poeta aragonesa más cercana a Miriam Reyes en cuanto a conceptos y estética, pero no renuncia a otros modelos poéticos como Manuel Vilas.
Beatriz López escribe desde hace muchos años. De hecho tuve el honor de leer algunos de sus poemas hace ya (casi) una década. La literatura siempre ha formado parte de su vida, aunque sus estudios la hayan dirigido en otra dirección. El magisterio del poeta Emilio Pedro Gómez y su confianza, sin duda, le ayudaron a mostrar sus poemas y a compartir con los lectores su espacio personal.
Vida Armada aparece en esta antología sin haber publicado nada hasta la fecha. Otro de los hallazgos del antólogo. Poesía que reflexiona sobre la propia escritura, que se hace preguntas y, mediante ellas, también cuestiona al lector el sentido de la escritura y de la palabra. Toda una grata sorpresa.
Laura Tejada se dio a conocer en el interesante libro de ultimísimas poetas publicado por David Giménez (David Líquen, para los lectores) y cuya selección fue realizada por Octavio Gómez Milián (como se puede observar, uno de los nombres clave para entender la joven poesía en Aragón y su expansión) y representa a la perfección el ámbito del nuevo realismo. Su poesía está cargada de realidad, de posmoderna realidad, y así sus poemas reconstruyen la vida y la vida, sus poemas.
Sofía Díaz Gotor ejemplifica a la perfección lo escrito en la introducción acerca de la voz femenina. Inédita hasta la fecha, su poesía reivindica el yo femenino desde su propio cuerpo, su propia voz femenina, pero con un tono poético personal e intransferible —identidad— que ya la hace reconocible.
Marta Fuembuena es uno de los grandes hallazgos del antólogo. Fue premiada este pasado año con el Premio Candy Warhol, organizado por Fernando Frisa, otro de los principales activos poéticos de la ciudad desde su local (el Candy Warhol) donde organiza veladas poéticas y premios literarios. Esta poeta inaugura la lista de premiados y sus poemas hablan por sí solos.
Clara Santafé es actriz y poeta. Se trata de una de las grandes sorpresas del último año, gracias a la plaquette que ha publicado en la arriesgada colección coordinada por Octavio Gómez Milián en la editorial aragonesa Comuniter (que dirige Manuel Baile). Su propuesta es de riesgo y, por lo tanto, merece toda nuestra atención. El lector pronto entenderá que en su poesía existe algo magnético y aguardará nuevos capítulos igual de valientes y prometedores.
A pesar de su juventud, Almudena Vidorreta ha publicado una plaquette y tres poemarios hasta la fecha (uno de ellos en un volumen colectivo, dado que fue galardonado con un premio del Área de Juventud del Gobierno de Aragón). Su poética es compleja y, al mismo tiempo, comprensible, una de esas poetas que han entendido que la melodía más bella siempre oculta una compleja estructura que debe pasar desapercibida para el espectador/lector. Lengua de mapa, el libro que viene en la colección que dirige con tino Fernando Sanmartín (“La gruta de las palabras” en PUZ), la sitúa entre las voces más interesantes del panorama poético en Aragón.
Ana Muñoz es, sin duda, una de las últimas irrupciones significativas en la poesía en Aragón. Pocos hasta la fecha, bien pocos, han demostrado tanto en sus primeros pasos (que no lo son del todo, pues, antes de publicar su primera plaquette de la mano de Manuel Martínez Forega, ya se había hecho con unos cuantos premios juveniles). No se trata, pues, de una promesa. Se trata de una poeta de la que todos los lectores esperamos mucho y, tarde o temprano, todo ese talento dará forma al libro que, en el fondo, sabemos que va a escribir.
Clara Dávila es la más joven de cuantas poetas aparecen en esta nómina. Sus poemas estás impregnados de sentimentalismo, aunque quizá los seleccionados por Guinda para formar parte de este volumen muestran otras características, como la reflexión y la pausa ante el poema. Poeta de pasión por la poesía, Clara Dávila está llamada a hacer que su voz se reconozca entre el resto por su juventud y la fuerza de sus versos.
MEJÍAS SERNA ACÍN LACASA NAVALES MORTE
Elena PALLARÉS RUBIO MONTANER VICENTEGELLA
PALLARÉS DÚKAR SORO RUIZ MARCELLÁN
VICENTE GRAO GUTIÉRREZ CLAVER Pilar MANRIQUE
ARBEX IBÁÑEZ Sagrario MANRIQUE MORALES
ALCARAZ GASCÓN LASALA MIÑANA OTAL PÉREZ
LAYED SANZ ABENIA FAJÓ SÁNCHEZ PEIRÓ GÓMEZ
AGUSTÍN BERNAL MARTÍNEZ BARCA PERIS GASPAR
HERNÁNDEZ QUIJANO Belén LÓPEZ ALCUBIERRE
GUILLÉN VARGA ALIAGA MARQUETA NAVARRO
LLERA BERNAD JÁRBOLES GALLARDO AMARAL
ASCOZ REYES LOZANO HERNÁNDEZ LAHOZ RUIZ
FLETA Beatriz LÓPEZ ARMADA TEJADA DÍAZ GOTOR
FUEMBUENA SANTAFÉ VIDORRETA DÁVILA MUÑOZ
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