José Agostinho Baptista

Ahora y en la hora de nuestra muerte

La Edición
Algunos poemas

Joaquín Sánchez Vallés

"En el nombre del padre"

José Agostinho Baptista (Funchal, Madeira, 1948) es un muy interesante poeta portugués que, como suele suceder más de lo que quisiéramos, resulta casi desconocido en España. Si es verdad que las relaciones culturales entre los dos países de la Península se han acentuado en los últimos años,  todavía no existe la fluidez de intercambios que sería de desear. Démonos cuenta de que por azares de la Historia Cataluña es España y Portugal no. Pensemos que no solo podría haber sido al revés, sino en cuánto tiene que enseñarnos en poesía nuestro vecino atlántico.

La editorial Olifante, que mucho y muy bien hace por paliar esta carencia, nos ofrece ahora una atractiva aproximación a Baptista con la edición de su poemario “Ahora y en la hora de nuestra muerte”.  El título, tomado del final del Ave María, nos centra el tema del libro en el dolor producido por la muerte, concretamente, la muerte del padre del autor, sobre la que surge la evocación y la meditación de esta obra. Un sentimiento de pérdida, melancólicamente expresado, ocupa de principio a fin los poemas: “Y el polvo, la ceniza, los restos de todo lo que / respiraba, / se amontonan en la orilla de este mar” (página 17); “En el invierno/ dices desde muy lejos que no volverás aquí” (página 43), en un intento de rescatar a ese padre difunto que se busca en el tú lírico: “durante años te busqué, caminante de estrellas solitarias” (página 129). Si en algún momento se puede esperar que la poesía sirva como herramienta de recuperación: “¿Podré,/ con esta arpa de cuerdas tensas, /.../ tocar en tu oído o en tu alma...?” (página 31), se llega a la conclusión de que esto es imposible y la pérdida resulta definitiva; “en la ventana abierta,/ viaja tu ausencia, tu alma sobre / mis escombros” (página 159).

“Ahora y en la hora de nuestra muerte” no es, en realidad, una elegía, ni un réquiem, ni un ejercicio de nostalgia filial. Algo tiene de esto, pero teñido de una mayor profundidad, toda una filosofía de la vida, que lleva al poeta a la consideración de su propia muerte: “Sé que me vas a encontrar, muerte, / en cada senda de atormentadas almas" (página 173). Así, la rememoración de la muerte del padre transciende de sí misma hasta identificarse con la necesaria muerte del hijo (y de todos nosotros, como hombres que somos), hasta acabar en la aceptación de un destino marcado: “cumplimos tu voluntad, tu / dádiva cruel, / Señor” (página 199). Ahí tenemos la verdadera hondura del libro de Baptista, que expresa un pálpito humanísimo que a todos nos afecta. Y ello, con un lenguaje claro, emocionalmente directo, natural y necesario vehículo para las ideas y los sentimientos que se suscitan. Baptista, además, se manifiesta como un maestro en el uso de la imagen, siempre ajustada, siempre brillante, siempre encerrando una sugerencia superior a las simples palabras: “vino un pájaro de la lluvia y entró en tu pecho” (página 21); “la marea baja y sube como tu pecho donde / un silencioso tigre asoma a las cavernas” (página 71).

Hemos citado en español por la traducción de Antón Castro, que ha realizado meritorísima labor de renunciar a una recreación poética para  la que está más que capacitado y ofrecernos una versión literal de los versos de Baptista, como invitándonos a la lectura directa del portugués, utilizando el español para solventar nuestras dificultades. Nosotros siempre hemos defendido esta opción y nos agrada mucho haber coincidido con el traductor de esta obra, cuya lectura recomendamos sin asomo de duda.