a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada
 

PRESENTACIÓN

“a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada. Cancioncillas  y cancionejas”, 

En una tarde tan especial para mí como la tarde de hoy, y en este espacio casi sagrado, me hace ilusión compartir con vosotros el siguiente pensamiento íntimo: ¿Qué sentiría si, de repente, recibiese una invitación para asistir a la inauguración de la primera exposición de pintura de alguno de los poetas españoles vivos que más admiro, por ejemplo, del aragonés Rosendo Tello o del catalán Pere Gimferrer? Lo primero que se me ocurre responderme es que, en el momento mágico de entrar a la galería de arte en cuestión, me faltarían ojos para tanta sorpresa, para tanta curiosidad, para tanto asombro. Espero que los pintores vivos sientan  -y todos vosotros sintáis-  algo parecido ante el acontecimiento que hemos venido a celebrar aquí y ahora.

 

A la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada

de Vicente Pascual, el libro que presentamos es amable a / con los cinco sentidos

 

lo miro...  y disfruto

lo escucho... y disfruto

lo huelo... y disfruto

lo saboreo... y disfruto

lo toco... y disfruto

lo leo

y me hago una idea  de qué cosa pueda ser la maravilla

 

Mi primer contacto con Vicente Pascual tuvo lugar a través  de su obra plástica, que inició precozmente a los 17 años, junto a su hermano Angel Pascual Rodrigo, con quien fundó y dio vida hasta 1989 a “La Hermandad Pictórica”. Ese contacto inicial con su obra ya estuvo relacionado con la poesía: en Zaragoza, 1975, en la Librería Hesperia del inefable bibliófilo Luis Marquina, y en soporte papel. Se trataba de  un cartel dedicado al gran poeta aragonés Miguel Labordeta. Aquel póster (en tonos ocres) incluía el rostro lunar de Miguel y su poética  recién publicada en el libro “Autopía”, en primera edición para El Bardo (transcrita, traducida casi, dada la difícil caligrafía labordetiana, y estudiada con maestría por Rosendo Tello.

Dicha poética decía:

 

Escucha  joven poeta inadvertido

escribe para todos 

es decir para nadie  no lo olvides

del pueblo vienes          

 

y el pueblo es tu raíz 

en consecuencia 

no hagas caso del pueblo

 

vuelve sagrado cuanto toques 

natural 

cuanto toques sagrado 

vuélvelo natural  

 

haz lo que te dé la gana 

quema esta advertencias por favor

 

es mi consejo póstumo

 

Vicente Pascual es uno de los pintores españoles más interesantes del último tercio del s. XX y de entresiglos XX-XXI. Como persona posee algunas de las cualidades mejores de los más grandes: austeridad, cortesía, autenticidad, sencillez, naturalidad y una sabia humildad que, pese a él mismo, le distingue de todos los demás.

 

A la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada (Cancioncillas y cancionejas), el libro que hoy nos trae  esta Biblioteca de Aragón, supone la segunda aportación literaria de Vicente. Antes de referirme a ella, recordaré, como fuente, la anterior.

 

La aportación primera estuvo formada por cien textos mínimos (entre una y ocho líneas) que acompañaban a otras tantas pinturas, igualmente de formato mínimo, 12 x 12 cm., acerca de cuya realización Vicente nos confesaba: “Hice esta serie de pinturas porque me aburría, entre el otoño de 2005 y la primavera de 2006, al pie del Moncayo...” Pinturas y textos mínimos que formaron Las 100 vistas del Monte Interior, una verdadera joya editorial publicada en 2006 por Olifante que, para la ocasión, inauguró su Serie Mayor, y editada por el Gobierno de Aragón en colaboración con el Centro de Arte y Naturaleza (CEDAN). Joya también artística y literaria ajustada al binomio Consonantia et adequatio que rige la vida y la obra de nuestro amigo.

 

En la introducción a Las 100 vistas del Monte Interior, y en referencia concreta a la parte literaria, Vicente Pascual escribía: “En cuanto a las líneas que acompañan las imágenes, se trata    tan sólo de algo así como comentarios breves, como títulos largos; no pretenden ser obra de poeta  -no sé de letras-, y debo advertir que, para colmo, cuanto aquí el lector encuentre es plagio. El lector podrá afirmar, sin error, que para tan poca cosa he plagiado a los presocráticos, a los neoplatónicos y los cantos de los nativos americanos. Descubrirá que he copiado a los taoístas, a los hindúes, que me he aprovechado de aquellos que, como Rumi o Nizâmî,  comprendieron  la  coherente belleza de las formulaciones del sufismo. He imitado a aquellos españoles carmelitanos, a los Fideli d´Amore, a los renanos del medievo y, entre los recientes, me he remitido a Frithjof Schuon, Seyyed Hossein Nasr, mis maestros, e incluso a John Keats. Que me perdone el lector, y sepa que si no me sonrojo remedando penosamente a los antiguos es sólo porque querría parecerme a lo que ellos, dejando de ser, fueron.”

 

Con motivo de la presentación en Huesca y en Madrid de Las 100 vistas del Monte Interior, escribí el texto “El lujo de la sobriedad”, del que como fuente y relación con a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada, leeré estas palabras: “Una obra maestra pintada por un poeta secreto y escrita por un pintor ejemplar. Su propuesta es una profunda investigación de lo axial, una rehumanización de nuestro mundo actual, vacío y desequilibrado, embrutecido, una apuesta por la tolerancia  -más: la atracción-  entre Naturaleza y Arte, hacia la armonía presencial de las fuerzas y debilidades opuestas, como si aún fuera posible reconstruir la conciencia abatida por sus propias ruinas y evitar que nuestra civilización se desmorone definitivamente al considerar necesario todo lo superfluo por haber estimado superfluo todo lo necesario.” Aquel poeta deja hoy de ser secreto con el libro que nos ofrece y que aquí presentamos.

 

Ha habido, en los últimos tiempos, algunos grandes artistas aragoneses que escribieron y publicaron poesía. Nombraré, como muestra, al cineasta Luis Buñuel (autor de poemas nada ajenos a la estética surrealista y a la técnica de la escritura automática) y al pintor Víctor Mira (que publicó tres libros de una cuajada poesía expresionista y torturada). Estaremos de acuerdo en que ni Buñuel ni Mira pasarán a la Historia de la Literatura por sus poemas, antes bien han pasado a la Historia del Arte por sus películas y sus pinturas, respectivamente, en las que, por otra parte,  flota siempre una reconocible atmósfera poética.

Vicente Pascual se incorpora a la selecta nómina de artistas poetas con un primer libro nada primerizo: a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada.

 

El libro tiene, de entrada, un triple interés:

como objeto de belleza (la estética de la edición es impecable)

como sujeto de conducta (por su contenido, cargado de vitalismo, valiente y elegante complicidad con la muerte y una exacerbada exaltación del amor)

y como curiosidad bibliográfica complementaria de la obra plástica de alguien que ya ha entrado en la Historia del Arte.

 

Ésta es una colección de 34 poemas breves con estructura métrica de canción cuyo autor, con su acostumbrada y escandalosa humildad, califica rigurosamente con el término despectivo de cancionejas. No disponemos aún de la necesaria perspectiva en el tiempo para emitir un juicio crítico definitivo. Ni soy quién para atreverme, temerariamente, a arriesgar una valoración literaria infalible de estas cancioncillas tan claras y a la vez misteriosas. Sí quiero declarar que para mí, personalmente, éste es un libro de muy alto valor: tanto por su atrevimiento formal de rescatar el octosílabo, cuanto por su apuesta ética a favor de la trascendencia existencial.

 

Su originalidad se apoya en haber sido capaz de ver, con mirada limpia y en el resquebrajado espejo de nuestra banal y venal postmodernidad, el verdadero motor de la tradición poética española: el romance como alma. Y en priorizar la esencia frente  a la contingencia, contra la apariencia, hasta el  extremo de proponernos un nuevo listado de verbos copulativos: “ser, amar y conocer”; revisión del conocido listado “ser, estar y parecer”, del que sólo ha conservado el verbo ser  –como era de esperar de quien siempre se ha mantenido fiel al mundo de los arquetipos–. 

 

No me sorprendería que algunos lectores, en una aproximación inicial a los textos, se sintieran confusos por la extrema sencillez de su forma; y he dicho sencillez, no simplicidad. Pero es, precisamente, esa difícil sencillez (comparable y cercana, pero también distinta, a la de San Juan de La Cruz y Santa Teresa) la que me ha deslumbrado y cautivado. Canciones que son hijas de una quietud activa, de una íntima inquietud. Que tienen su propia música. Y se diría nacidas para ser cantadas a coro por el silencio de las almas serenas, muy adentro del ser, con la mayor hondura y la mejor gravedad que pudieran alcanzar el pensamiento, el sentimiento, el no deseo y la emoción. Vicente Pascual sabe muy bien que se canta con la exaltación del silencio interior.

Ángel Guinda, Biblioteca de Aragón. Zaragoza, jueves 24 de Abril de 2008

 

CARTA A VICENTE PASCUAL
a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada. Leyéndolo me he  detenido y releído, por razones muy personales "Como esa noche tan clara" y "Por el yermo en el que ando". Es pura preferencia afectiva, pero leer es también elegir porque sí, y demorarse en  lo que nos apetece sin necesidad de más explicaciones. Lo otro es labor crítica. La dulzura horaciana pide que el poema conmueva. En tu libro planea por entre líneas la idea de vacío, de ausencia, de polvo, muerte, sueño... junto a la evidencia de que, al lado de la caducidad, conviviendo con ella y trenzada en su propia urdimbre, está la ilusión, la gratitud, la satisfacción y el amor... El hecho de vivir, en suma. Me parece muy hermoso, en su sintético sincretismo y en lo que tiene de anhelo por la verdera humildad ese resumen materialista del "yo" verdaderamente cansado, que desearía que el final fuese darse y que la entrega de trabajos, amores y vida, abocara en el logro de la  quietud que vitaliza la renuncia final, y, a la par, compendia un recorrido vital de contrastes ... Te hablaba de humildad. La humilitas, palabra que viene de humus, en latín tierra y tiene en nuestro idiona buenos ejemplos: humillar la frente es inclinarla al suelo. El humilde es el que se abaja a tierra, el que no desdeña la rasa realidad del suelo, y ni se afecta, ni se encumbra, ni se engríe. Nos lo dice Cervantes.

María-Dolores Albiac Blanco, Zaragoza, 29 de abril de 2008

 

“A LA VIDA, A LA MUERTE Y A MI BIENAMADA / Vicente Pascual”

Emocionante. Pero ¿qué hemos hecho de la emoción? Vicente Pascual ha dado hoy un ejemplo de superación de sí mismo, de entereza, de fortaleza que sólo puede tener como causa una profunda emoción, algo que suele brillar cada vez más por su ausencia o emanciparse de su verdadero sentido para convertirse en un puro y superficial plañir. Vicente ha mostrado su contundente emoción sin aspavientos y ha sabido darle un toque de ironía a la gravedad, con lo que nos ha satisfecho a todos y nos ha transmitido valor, arrojo; todo ello fundado en la emoción. Una vez más: la emoción; discreta, de gran entidad intelectual.

Riqueza en todo ha mostrado el acto de presentación de sus cancioncillas y cancionejas. La lectura de los poemas en las voces de sus amigos pintores y poetas y las palabras sentidas y ciertísimas de Ángel Guinda incorporadas al trabajo excelentísimo de la edición preparada por Trinidad Ruiz Marcellán, que, además de lo que hace falta, pone también toda su emoción en lo que hace.
Gracias, Vicente, y gracias, Trinidad. Y un abrazo fuerte

Manuel M. Forega. http://forega.blogspot.com/2008/04/la-vida-la-muerte-y-la-bienamada.html Zaragoza, 24 de abril de 2008

 

PALABRAS DE VICENTE PASCUAL
Vicente Pascual es pintor, pensador y poeta. La vida, en los últimos años, le está sometiendo a una dura prueba: crea, sueña, alimenta su entusiasmo contra las ruinas de una cruel enfermedad. Concentrado en sí mismo, concentrado en el amor y en la creación, es capaz de hallar palabras, trazos, emociones que tienen el sello de lo auténtico, de la entrega. Publica ahora "a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada", un poemario construido con cancioncillas y cancionejas, que retrata el alma del poeta: la espera y la esperanza, la ficción de un delirio de amor. Vicente, con grave serenidad, con irónica armonía, con la plenitud del resistente que se exalta y exalta sus afectos, compone uno de esos libros plenos de sabiduría, de paísajes íntimos, del territorio sagrado del pensamiento, que se vuelve hondo, sensual, trágico, que se vuelve himno, cántico y elegía.
Antón Castro, Heraldo de Aragón, Zaragoza, 17 de abril de 2008

 

HONDA VERDAD DE LA POESÍA: Vicente Pascual
Me he sentado al ordenador después de volver del trabajo para comentar la emoción que me ha producido el libro de Vicente Pascual Rodrigo, a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada, que acaba de publicar Olifante, así escrito el título, en su colección Papeles de Trasmoz, de La Casa del Poeta. Posiblemente, sea esta colección la más bella del sello de Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes, y probablemente sea éste el libro más conmovedor, más hondo, más bello, más terrible. Perdón por los adjetivos: sé que derramo demasiados, pero éstos, nada novedosos, se ajustan a la verdad del libro, a la intensidad, a la desnudez radical de un hombre como Vicente –poeta, pensador, pintor metafísico, arquitecto místico de los paisajes- que pelea un día sí y otro también con la muerte, con la muerte real que le amenaza y que no le arredra.
Vicente se pregunta aquí por todo: el sentido de la vida, el dolor del adiós, la incertidumbre. Vicente habla de la plenitud, del amor, de la amiga (esa Ana Marquina, que concentra todos sus sueños y que resume todas las mujeres en una sola, leve y morena), del río del tiempo y de la memoria. Vicente canta y llora, reflexiona con serenidad, se reconoce verso a verso. Y no sólo eso: el maestro de la contención, el filósofo zen que vive a la sombra de la torre mudéjar de Utebo también teje historias de amor, epopeyas del delirio, como la de Laylâ y Majnun, que se aman, se pierden, se alejan y se reencuentran bajo el velo inefable de la Noche y sus designios. Y usa el discurso reflexivo y la cancioncilla de estirpe popular, con estribillo y calculadas y rítmicas repeticiones.
Éste es un libro de partida, acaso un testamento, y a la vez es un libro de bienvenida incesante a la vida, a las pequeñas cosas: el ciruelo que se agita en los dedos del viento, el río que avanza entre montañas y copia las luces más hermosas del día, el cuerpo dolorido, los aromas que avanzan como una brisa de resurrección...
.....................................................

Esta noche, me he despertado hacia las cinco de la mañana, no podía dormir, encendí la mesilla de noche y abrí el libro con el que me había dormido hacia las doce y media o así. Busqué estos dos poemas de Vicente Pascual, del libro a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada (Olifante: Papeles de Trasmoz), prologado por José Corredor-Matheos y por el propio Vicente, que glosa una hermosa historia de amor y denonima "cancioncillas o cancionejas" a sus poemas, y seleccionado por Ángel Guinda. Acabo de hablar con Vicente, que reposa, sueña, toma aire, mira hacia adentro con la quietud de un sufí. Cenamos hace algo más de un mes y nos reímos a carcajada batiente. Hallé en él algunas de las ráfagas de humor que…

Antón Castro, http://antoncastro.blogia.com/2008/040902-honda-verdad-de-la-poesia-vicente-pascual.php, Zaragoza, 8 y 10 de abril de 2008.

(fragmento)

La leyenda de Layla Maignun, una historia de amor de la antigua Arabia, es ul punto de partida de este poemario.

Xulio L. Valcárcel. El Ideal Gallego. 22/06/08

Las contradicciones del poeta a temas universales se resuelven con ecos del poemario de San Juan de la Cruz y una antigua leyenda árabe. Selección de poemas realizad por Ángel Guinda y prologados por José Corredor-Matheos.

Letras Aragonesas. Centro del Libro de Aragón

Nº 7/ septiembre/2008

Sirva este pequeño gran libro para inspirarnos a todos el anhelo de hacer de nuestra vida en esta tierra una verdadera obra de arte, para que tras nuestros pies vayan surgiendo primaveras.

(fragmento)

Beatriz Calvo. Revista The Ecologist. Enero 2009

 

 

Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza, 1955)

Nacido en Zaragoza en 1955, había manifestado siempre su necesidad creativa mediante la práctica de la pintura. La exclusividad de este medio fué interrumpida cuando, en 2006, Olifante. Ediciones de Poesía publicó "Las 100 vistas del Monte Interior. En Recuerdo de los Antiguos Locos" una obra que conjuga 101 pinturas del autor con otros tantos poemas. En 2008, Olifante. Ediciones de Poesía publicó "a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada. Cancioncillas y cancionejas" en su colección Papeles de Trasmoz.

En 1970 formó con su hermano Angel Pascual la “Hermandad Pictórica” bajo cuya denominación presentó su obra hasta 1989.
En 1976, tras una larga estancia en oriente, descubrió los escritos de Frithjof Schuon, Seyyed Hossein Nasr y Ananda K. Coomaraswamy cuya perspectiva filosófica influyó de manera definitiva en su concepto de la práctica creativa.

En 1992, después de más de una década trabajando en Campanet, Mallorca, Vicente Pascual trasladó su estudio a los Estados Unidos -en Bloomington, Indiana, al comienzo y Washington D.C. después- donde su obra sufrió una severa transformación, abandonando la forma de paisaje reconocible que revestía sus pinturas para concentrarse en los ritmos geométricos constantes en la naturaleza, dando paso, a partir de 2000, a un trabajo en el que las formas quedan reducidas a los mínimos fundamentales y el color a su expresión más austera.

A mediados de 2003 retornó a España. Actualmente vive y trabaja en Utebo, Zaragoza.
Vicente Pascual ha realizado cerca de un centenar de exposiciones individuales y su obra está presente en numerosos
museos y colecciones internacionales.
La singularidad de su trayectoria ha dado lugar a una extensa
bibliografía.


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