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II Festival Internacional de Poesía"Moncayo" Exposiciones |
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Antes de la forma fue el vacío. Antes del sonido, el silencio. Vacío y silencio son el equilibrio inmutable, germen de todas las formas, origen de todos los murmullos. Si se rompe el equilibrio, nace la forma, el sonido reverbera. Las hierbas, los árboles, el agua fueron invisibles antes de nacer el ojo que les dio apariencia. Y son silenciosas antes de que el viento las agite. Para que el equilibrio perdure es necesario un artífice engañoso que reinvente el camino del sonido y la forma hacia la armonía primigenia. Un dios que añore el silencio único, el vacío perfecto, y que encauce su poder para recobrar el equilibrio escondido tras el mundo de la apariencia. En otro caso, la materia agoniza capturada en la forma, el sonido pierde su poder de evocación, el color se desdibuja y su resplandor se enturbia. El hombre crea el arte cuando toma conciencia de este conflicto. El artista es el manipulador de la palabra, del color, de la materia. Su cometido es liberar la piedra de su esclavitud en la escalera, soltar la palabra aprisionada en el habla, rescatar al color de su mazmorra en la materia, a la forma de expiar como un utensilio. La libertad del artista crea un puente que nos lleva a la otra orilla, a otro mundo donde la piedra, el sonido, el color traspasen el umbral de la apariencia. Con sus manos prodigiosas recrea el mundo y nos modela con su voz, nos relata con sus manos, el poema de una ventana hacia la trascendencia. La naturaleza es la Gran Artista, la madre creadora que observa el transcurso de los siglos con la conciencia del ser más sabio. La diosa capaz de morir y renovarse a cada instante, autora insaciable que cada fracción de segundo avanza un paso hacia el equilibrio primigenio. Hoy, en este lugar, la montaña vigila impasible el devenir de nuestras vidas provisionales. Desde el Monasterio de Veruela, en el ocaso de este verano, el Moncayo escuchará las voces de los poetas y el aire le hará llegar las resonancias de las obras expuestas. Ella, nuestra montaña, tendrá la última palabra y cantará el último verso. Luisa Gómez Gascón |
¿Palabras? Más. Semillas cargadas con el silencio de los mundos. Fertilidad: no sólo del recuerdo, del olvido también; de todo lo que existe, ha existido, pudiera aún existir y en cuanto, sin saberlo, consistimos. Ángel Guinda
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