|
Madrugada en cuarto menguante,
Tiempo de cerezas tardías.
En los altos edificios
Arden algunas luces.
A intervalos
Brillan los faros de los coches,
que cruzan a gran velocidad por la avenida.
Aquí dentro,
Un blanco monocorde...
….y burbujas de oxigeno escarchado,
Cuando me das tu último pulso.
el corazón se me ha vuelto celofán,
cruje, se arruga ....
.....Y a velocidad de tiovivo en su máxima potencia
se ha escapado el tuyo,
No hay retorno.
El dolor todo lo tiembla
Y tampoco hay rincón donde parapetarse.
Todavía es dos mil cuatro y pico.......
Entre diez y seis
Apoyas tu espalda contra la ventana,
Haces Tintinear la cucharilla
En la taza de café,
Me haces preguntas, confidencias......
Pero yo no te escucho,
solo leo tus labios
Y subo hasta tus ojos.
Son Tan brillantes.
Me pierdo en conjeturas
Hasta que advierto tu silencio.
Ha llegado el momento,
Contra tu libertad, mi miedo
Contra mi miedo, tu vida,
Vete de aquí, cuando creas que debas hacerlo.
Yo me quedaré y probablemente
Le pediré más tiempo al tiempo. |