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¿Quién se hará cargo de mí
más allá del horizonte?
¿Qué porción de sombra
le corresponderá a mi sombra
tras la deserción del sol?
¿Dónde habré de buscar
los contornos de su eclipse
para reconducir los días?
¿Cómo reconoceré al tacto
la inconsistencia de un guiño,
la tersura de un beso en la distancia,
o el leve despertar de una mirada?
Tendré que acudir al otro lado
de todos los espejos
para recuperar en su azogue
cada uno de mis recuerdos.
Luego será otra vez mañana
y olvidaré las penitencias
de tantas recaídas;
luego,
cuando sea otra vez mañana,
recordaré los golpes, las heridas,
las costras de otros días con sus noches;
luego, en un instante que no es
mañana ni ayer ni tal vez hoy,
sólo un no-tiempo almacenado
tras los muros de esta habitación en la que olvido;
luego, cuando nada ni nadie ni yo
misma recuerde las viejas melodías, los pulsos de la mano en el papel,
las llagas abiertas desde el sueño,
surgirá, desnuda y sin pudor, aquella que, ajena a las edades,
decidió por mí,
dentro y fuera de mí,
haciéndome responsable de todas las cicatrices
de una piel que no es la mía. |