Luisa Gómez Gascón

Al Pie del Moncayo

Cuentos y Leyendas

Escritores de cuentos: Descubridores de nada.

Escribe un cuento. Pon frente a los ojos del lector lo que siempre tuvo delante de sus ojos, esos hechos invisibles que acompañan nuestra vida sin que lo advirtamos. Escríbele al pastor, a la señora de la limpieza, al albañil, ala maestra, al ser humano que vive, y nace y muere, ama y odia, ría y llora, sufre y goza ... Conmueve a todas estas personas haciendo única su pequeña existencia. Que descubran a través de las cuatro palabras de un cuento que la historia más vulgar e insignificante es una manifestación maravillosa y sorprendente de la vida.

[Luisa Gómez Gascón]

Entre mar y tierra, Luisa Gómez Gascón (Zaragoza, 1961), comenzó a escribir historias desde muy niña. Hija de ferroviario, vivió su infancia y su adolescencia recorriendo la geografía peninsular, entre Zaragoza, Madrid y Almería. Más tarde, regresó a su añorado Aragón natal para buscar esas raíces perdidas entre sus gentes, sus pueblos y sus montañas. Actualmente, reside en un pequeño pueblo de las faldas del Moncayo donde trabaja como educadora ambiental. Ávida lectora de cuentos y poemas, buscadora incansable de paisajes y quimeras, viajera solitaria, que escucha de labios de pastores, campesinos, vagabundos y ancianos vivencias detenidas en el tiempo, Luisa escribe como si derramase historias de vidas reales sobre mundos ficticios, como un torrente de palabras cristalinas que recorren las montañas interiores del lector y, sin remedio, acaban habitándole.

Ha colaborado en diferentes diarios y revistas. Al pie del moncayo. Cuentos y leyendas es su primera obra publicada. Otras obras en espera de publicación son Cuentos tristes de los bajos fondos y el poemario Mandala de amor.

Un cuento
Ficha técnica
Presentación del libro



©
Manuel Frías

Prólogo

El Moncayo es un monte aislado y relativamente pequeño si lo comparamos con otras cimas de Aragón. Al Moncayo se accede sin mucha dificultad; no es el Monte Perdido, que se agazapa entre otras cumbres y exige una larga travesía para ollar su cumbre. Por alzarse entre llanuras y por sus perfiles redondeados, cubiertos durante el invierno por un ligero manto de nieve, algunos dicen que parece un monte japonés y lo emparentan con el Fujiyama. Sin embargo, por lo que nosotros sabemos, el Moncayo no oculta en su interior ningún volcán. No tenemos noticias de que alguna erupción haya reventado la cumbre del cabezo de San Miguel abrasando todo a su alrededor con lava y cenizas. En el Moncayo no hay fumarolas ni columnas de basalto. No sale fuego de sus entrañas ni quienes viven en sus faldas se sienten amenazados por una mole inquietante. ¿De dónde proviene entonces esa extraña magia que despide este monte? ¿Por qué se han rendido a él gentes tan diversas como Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, José Antonio Labordeta, José Antonio Rey del Corral o Mauricio Aznar? Poetas románticos, cantautores comprometidos, juglares del rock and roll. Tal vez la respuesta se encuentre en estos relatos de Luisa Gómez Gascón, la enésima víctima del mal de amores por esta montaña.

Es posible que Luisa haya descubierto la puerta oculta que conduce a las entrañas de este monte. Tal vez ella ha visto qué curiosa maquinaria se esconde dentro de él y alimenta el encantamiento que envuelve su contorno. Es más, uno diría que estos cuentos mágicos, apasionados, a veces hipnóticos, los escribe al dictado de lo que le susurra el viento que viene de la cumbre. Fagüeño, lo llaman algunos, y como todos los vientos de Aragón te pueden volver loco o despejarte, te puede trastornar o puede aclararte la mirada hasta ver más allá de lo material.

Cuando uno se deja llevar por los párrafos de Luisa Gómez Gascón, cuando se abraza a sus personajes carnales y desesperados, le parece estar acurrucándose en la esquina de un triángulo que tiene otro vértice en el Maestrazgo de Antón Castro y otro mucho más lejos, en el Macondo de García Márquez. Allí donde hay visceralidad y encantamiento, allí donde habita lo inesperado, allí donde se difuminan las líneas que separan la realidad de la fantasía. En estas páginas palpita todo un universo, allí donde el monte es patriarca, centinela, faro, refugio y escalera hacia el cielo, exactamente allí, al pie del Moncayo.

Miguel Mena

Críticas

" ...una sensibilidad extrema para captar la carga de vitalidad que anida en seres anónimos, próximos a nosotros... "

Entrevista de Joaquín Carbonell
El Periódico de Aragón
14/6/2002

[Texto completo]

Se nota que Luisa Gómez Gascón siente ternura hacia estos personajes, que viajan del mar al interior para cabalgar sobre un potro, o que aman durante años a una joven a la que nunca podrán conseguir; vidas tristes y pequeñas, a menudo heladas por el zarpazo del viento que nace de lo alto de ese monte eminente.

Miguel Ángel Ordovás
El Periódico de Aragón
29/6/2002

[Texto completo]

Cuál es la magia que guarda el Moncayo, un monte que sin ser excesivamente elevado cautivó, sin embargo, la imaginación de Bécquer, Antonio Machado, Labordeta ... La respuesta se dice, se encierra en estos relatos de Luisa Gómez Gascón, que vive actualmente allegada a su entorno físico, recogiendo historia de boca de pastores y campesinos, trasmitiendo, en definitiva, un mundo sugestivo.

Xulio Valcárcel
El Ideal Gallego
21/7/2002

Hce escasos días tuve la grata sorpresa de recibir un paquete que incluía el primer libro de cuyo contenido es autora Luisa, bajo el título de "Al pie del Moncayo. Cuentos y Leyendas". ¿Sí, Luisa!, nuestra amiga, gran amiga, Luisa Gómez Gascón, que seguramente larecordaréis por haber elegido, desde sus bonitas tierras del Moncayo, al Santuario de la Nuez para unirse en sagrado matriminio con su esposo y también Manuel, ya dimos debida cuenta del histórico acontecimiento en el anterior número de la revista de "Tierra Bucho", y por también, en ese mismo número, la presencia de un emotivo relato titulado "La noche de las Trangas", y en el presente de uno nuevo con temática sobradamente actual, pantanos y pueblos inundados.

Al leerlo he recordado mi infancia, cuando mi padre me contaba esos cuentos populares de nuestro Sobrarbe, y he sentido una grandísima satisfacción al comprobar que una vez más la tradición ha quedado resguardada para siempre del olvido, doblemente dichosa tras verificar que la pluma que los ha salvado es la de nuestra amiga. Gracias a Luisa, a esta recopilación de cuentos y de otras muchas que sé que nos tiene preparadas, podemos hablar de tradición en el Moncayo, en Aragón, ocupando el lugar de importancia que en la historia de la literatura española merece. Para acceder a otras críticas de reconocidas personalidades sobre la autora y su obra, las encontraréis en Internet, en la siguiente dirección: www.olifante.com.Y termino, saludando y felicitando de corazón desde estas páginas a Luisa, dándole mi más calurosa enhorabuena, junto con el fuerte abrazo de los que en estos pueblos la conocen en persona, esperando ansiosamnete ver sus próximas obras editadas, y cómo no, que siga enviándonos sus relatos para publicar en esta humilde entrega de "Tierra Bucho" que se siente extraordinaria y enormemente ennoblecida con la presencia de escritores de plumas de la categoría y prestigio de Luisa.

Maribel Giral Arcas .
"Tierra Bucho".
Zaragoza. Diciembre de 2002.

La zaragozana Luisa Gómez Gascón se da a conocer con "Al pie del Moncayo" (Olifante), seis relatos que constituyen una verdadera revelación literaria por su retrato conmovedor de personajes azotados por un destino cruel.

Es bien sabido que la buena literatura hace hermosa la tristeza; y que lo que nos conmueve va ligado a menudo a la desdicha. Parecen éstas leyes inexorables. Luisa Gómez Gascón (Zaragoza, 1961) las ha hecho suyas: se ha presentado al mundo de los lectores con media docena de relatos de un dolor impúdico, relatos hondos en su desolación y hermosos en su hechura. La tercera y demorada entrega de las "Ediciones en prosa" de Olifante -la primera fue la inolvidable "los pasajeros del estío" de Antón Castro, con nuestros montes de Javalambre al fondo- nos devuelve a ese género híbrido de lo legendario y lo intimista.

Emplea como referente el Moncayo y sus ásperos vientos, la comarca irrepetible que cautivó a Bécquer -el libro tiene algo de deuda o de homenaje, a este y a otros escritores que menciona Miguel Mena en el prólogo-, la comarca en la que vive Luisa Gómez Gascón, la comarca, en fin, a la que tan ligada se halla la editorial.

El destino

Pero al margen de estas oportunas casualidades, en las faldas del Moncayo viven o al Moncayo vuelven los personajes de estos relatos, aunque en rigor no sean más que criaturas zarandeadas por el vendaval del destino. No deja de llamar la atención que la primera de ellas -el misterioso Eladio Martín- llegara allí con el cierzo, un día de vientos legendarios. (Se trata, por cierto, de un relato de sentido trágico, ambientado en los años del maquis, digno de incluirse en ese hipotético subgénero y muy oportuno en esta entrega del suplemento). La narradora extrema, con acierto, la personificación del medio, sus zarpazos desgarradores: las heladas tempranas se llevaron a Carolina Mora ("Cuentos de la tía Ambrosia"); una noche de aguacero se lleva a Amelia, la madre de Pedro Árcega ("En la fría noche"). La desgracia los persigue a todos, que inútilmente huyen de ella. Si alguna vez se creyeron felices, el destino torcerá el rumbo de su vida, sin ninguna piedad, hasta la misma muerte.

El protagonismo de la fatalidad es evidente en algunos relatos. En el último de ellos ("Quiero cantarte un cuplé") el precio del triunfo es la propia vida, y la escena final acumula un patetismo magistral; en "El señor de los gatos" Luisa Gómez va más allá, pues a la felicidad humilde y esperanzada de un amor maduro, tras un regreso de la Barcelona bohemia y miserable al Moncayo vivificador, dibuja un desenlace injusto y grotesco: el relato constituye una crónica implacable sobre la fragilidad de la existencia y la inutilidad de cualquier quimera. En los últimos compases de "El señor de los gatos" muestra el libro la desventura más honda.

El dolor

Por lo señalado hasta aquí se diría que la autora se recrea en el dolor. Sí pero no; al menos no de un modo simple. Hemos dicho al principio que con el hilo del infortunio se ha tejido muy buena literatura. Es el caso. Los elementos mágicos de "Al pie del Moncayo" contribuyena su estilización: la tía Ambrosia, que "ha cumplido sus días como mujer y también como ánima", o los espectrales padres del mentadp Pedro Árcega son ejemplos palmarios. Algunos detalles del estilo en las descripciones, los dialectalismos perfectamente engarzados, la propia melancolía que todas las páginas destilan, sirven para endulzar ese dolor que sin embargo impera.

Pues bien, todo el complejo y solvente artificio que hemos tratado de sintetizar se da cita en "Alborán", que es un relato sobresaliente, digno de ocupar espacio en una antología. "Alborán" constituye un prodigio de fuerza y delicadeza, en parte porque Luisa Gómez ha salido airosa del reto: enfrentarse al amor imposible con un lenguaje sutil y conmovedor. Frases cortas, revestidas de poesía, y una tristeza del tamaño del océano.

Toni Losantos. El Parnaso, Nº 146.
Reseña principal. Teruel.
1 de octubre de 2002.

Luisa Gómez Gascón (Zaragoza, 1961) acaba de incorporarse a las letras aragonesas con un libro que se asienta en un paraje concreto, y acaba convirtiéndolo en mítico. O al menos en territorio de fantasía, de bruscas soledades, de huidas, de atmósferas neblinosas donde todo es posible. "Al pie del Moncayo" es una colección de seis relatos, marcada por la fuerza del paisaje, la complejidad de sus seres y una inclinación inevitable hacia la tragedia. La unidad del libro es indiscutible: reposa en la mirada, en el ámbito que inspiró a Bécquer o al prologuista Miguel Mena, y en un estilo cuidado, lírico, que tiende a lo onírico; un estilo que pinta, un estilo melodioso como una música obsesiva.

El primer relato narra la historia de un hombre que quiere, metafóricamnete, volar en un crimen opresivo de posguerra, y por ello abraza la condición de maquis que busca su redención en el Moncayo y en el amor de Lucinda Valverde. "Alborán" une el mar y la montaña a través de un personaje, muy vinculado a su madre, viuda de marino, que desea un trozo de nube y que emprende una travesía iniciática. "En la fría noche" es el inventario de una soledad, la de Pedro Árcega, que acabará sobreviviendo sin mujer ni esperanza entre espectros. "La tía Ambrosia" narra la historia de un triángulo dramático: Eusebio y Cayo pretenden a la misma mujer, Carolina Mora. En "El señor de los gatos" se cuenta la aventura de un pintor de la Ramblas que se enamora de una joven muda y ambos viven una pasión que concluye en sorpresa.

Y "Queri cantarte un cuplé" es como una segunda parte fugaz entre un maestro y una mujer que ha cosechado fama como cantante. Quizá le perjudique a este libro, dramático, de derrotas y olvidos, el subtítulo: "Cuentos y leyendas", porque la autora ha creado su propio universo, unos personajes, un paraje de dolor y sombra, y lo eleva bellamente en relatos que se desposan con lo sentimental y lo emotivo con desparpajo.

Antón Castro. Artes y Letras.
Heraldo de Aragón.
12 de diciembre de 2002.

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