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La vida entre las manos
Un día tuve, como tú, la vida
entre las manos -la calle devoré,
grité violentas frases,
enamoré muy cálidos cuerpos de mujer
y aun raudos tibios cuerpos varoniles.
De vuelta a casa de mis treinta años,
desengañado ya de casi todo,
bebo como vivir
veo el hastío
bloquear tan reciente juvenil impulso
-solo en el rito, sin escaparate.
Y dudo si el amor que te sustento
será una trampa más.
Tendrás, como yo, un día entre las manos
el diario desencanto de vivir:
esa creciente desazón incómoda
de mantener amores con la muerte.
(Vida ávida)
Tiniebla por espejo
Muchedumbremente solo
he vivido entre cadáveres y escrito
para los aún no nacidos.
Destruid toda religión, cómplice de sacrificio.
Volved la espalda a toda política,
programadora de espacio temporal.
Concedeos tanta ebria
identidad que dentro os brama. Resistid.
Trágica o cómica, no arrojéis vuestra máscara
-vive más quien respira más profundo-
y cada día proclamad una revolución
por el placer impuro de luchar. Así
que, materia viva, os reconoceréis
espiritual energía, iluminados.
(Vida ávida)
Testamento
Lo agradable de este mundo lo he gozado.
Reptil, hombre, o molusco,
aletargado pasaré el invierno,
seguro de que ya para mí no habrá estío.
Cazado fui porque salí de caza. Miro
el cielo blanco de mi habitación postrado
y oigo bullir alegre la vida por las calles.
Contra toda amenaza de adversidad o muerte,
vivir, vivir, vivir sea vuestra venganza;
y conservad del oro el resplandor cautivo
en la memoria al menos, mejor en el deseo.
Convertido al Olvido
me acostumbré a la muerte lo mismo que a la vida.
Vosotros a luchar, a danzar con la noche o el sol.
Que el cansancio de los hombres no es la derrota del hombre.
(Claustro)
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Póstumo
Me he bebido la vida.
La resaca
ha dejado en mis labios
un torbellino de desdén,
y en la mirada
toda la ausencia de la lejanía.
Convivo con la muerte.
Cualquier noche,
en lugar de unas manchas sobre un folio
y un ruido de palabras martilleantes
dando tumbos contra la dentadura,
te dejaré la luz de mi silencio
limpio
como el mantel desplegado del sol,
profundo y largo
como el viaje sin final que es el retorno
de quien fue y nunca estuvo.
(Claustro)
El tesoro
Uno busca, en esta vida, algo
que, en otras vidas, cree haber perdido.
Nadie sabe qué puede ser, y todos
darían casi todo por encontrarlo
en su interior. Pero hay excesiva luz,
y el plazo vence demasiado pronto.
(Después de todo)
El miedo
Algo, que desconozco,
me reconoce. Desde el espejo
de todo lo que regresa, algo,
que no veo, me mira; me escucha
algo que no oigo. Tengo
miedo.
Cuando atraviesa los muros
del alma, percibo los ojos de las sombras,
el dictado de las visiones, el tránsito
de los vértigos frente al éxtasis, el hacha
de las estrellas. Tengo
miedo. A las apariciones,
a desaparecer, y a la voz de los muertos.
(Después de todo)
Propagación de la vida
Las nubes que persigues y ese mar
donde busca tu mirada los ojos
de la luz, en mí existieron antes
de tus días, en mi noche,
para darme noticia del infinito.
Toda la belleza del mundo
cabe en una brizna de hierba. Toda
la eternidad, en lo que tarda un rayo de sol
en barrer el aire entre dos ramas. Todas
las vidas caben en tu vida, también
todas las muertes.
En el ardor de tu energía, acógeme
y llévame contigo.
(Conocimiento del medio)
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