Caja de lava

ALGUIEN DE LAVA

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                Ángel Guinda es un poeta que, al igual que la lava, se ha ido endureciendo en el transcurso de una vida que, como la de Lázaro de Tormes al final de sus andanzas y desventuras, se encuentra en la prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna, sobre todo a raíz de la concesión del Premio de las Letras Aragonesas en 2010, y en espera de su canonización como autor en editoriales de ámbito nacional, como ha ocurrido con Leopoldo María Panero y Pere Gimferrer, dos de los autores de la generación de los poetas “novísimos” a la que pertenece y en la que se halla integrado y desintegrado al mismo tiempo. Mientras tanto, hay que subrayar otros reconocimientos de los que Guinda viene siendo objeto, como el  biopic La diferencia, que David Francisco ha dedicado a su figura, y de los estudios universitarios que se encargan de analizar una obra todavía en marcha, para la que “una ilusión señala la andadura”, citando un verso de Guillermo Gúdel.

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                Así es como Ángel Guinda pone en manos de sus lectores, que se destacan no solo por su fidelidad sino también por su creciente número en cada entrega lírica, Caja de lava, su segundo libro después de la citada concesión del Premio de las Letras Aragonesas, que nada tiene que ver con Espectral, un volumen anterior calificado por su autor como largo poema de una vida con todos sus fantasmas. En ese sentido, Caja de lava puede ser considerado como metáfora del volcán en erupción que es Guinda, haciendo suyos los versos de Miguel Hernández: “No me conformo, no: me desespero / como si fuera un huracán de lava”, como gesto de resistencia frente a la agresión del Poder, oponiendo la fuerza libre e irreductible de las artes del lenguaje y del amor, al tiempo que mostrando una actitud decididamente vitalista frente a una muerte que no acaba con todo. Por ello, como poeta comprometido que es, Ángel Guinda se convierte en “alguien de lava”, al igual que el poeta mexicano Fabio Morábito, que proyecta a la superficie el magma de un pensamiento, un sentimiento y una acción contenidos en  la masa ígnea de su conciencia crítica interior, a fin de que su lava no se convierta en piedra, sino que estalle hacia los demás para hacer frente al desorden de un mundo sumido en una crisis antes existencial que económica, y reivindicando, en consecuencia, la identidad de sus habitantes como personas que no están llamadas a convertirse en máscaras.

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                De todo ello dan testimonio los treinta rotundos poemas contenidos en las tres partes que contiene Caja de lava: “Taller de destrucción”, “Sin los cinco sentidos” y “Marea interna”, siendo la primera de ellas una reflexión metapoética sobre la escritura, donde conviven poemas en silva libre impar, como “Tal vez vosotros sabéis”, junto con otros en prosa,  como “Taller de escritura”, “Taller de poesía” o “Invocación a Larra”, así como con poemas paralelísticos como “El poeta terrorista” o “Poema pistola”. Por su parte, “Sin los cinco sentidos” presenta poemas en los que Guinda presenta una serie de poemas de tipo amoroso, también en silva libre impar, así como en alejandrinos y en endecasílabos sueltos sin rima, tales que “Sin los cinco sentidos”, “Nocturno en Rodas”, “La mirada”, “Soledad”, “Lo que queda de todo”, “Pasión de ánimo”, ”La casa”, “El sueño” o “El abrazo”. A su vez, “Marea interna” reúne poemas sobre la actitud alegre o triste, pero siempre vitalista y esperanzada, de Ángel Guinda como poeta en el mundo, así como en las dos partes anteriores de Caja de lava se refería a su propio mundo de poeta. Así, esta tercera parte reúne poemas en su ya citada métrica habitual, tales que “Archivos”, “Este pueblo”, “La botella”, “Felicidad”, “Los desalojados”, “Liberación”, “La casa invisible”, “Pesadilla”, “Del fondo claro”, “Coraje”, “Encrucijada”, “Registro” o “Donde es clara la nieve”, junto con poemas rimados como “Sombras” o “Tormenta”, en todos los cuales Guinda ejerce el canto desde la docta ignorancia,  porque “tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto”.

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Miguel Ángel Longás. Artes y Letras. Heraldo. !/03/2012. Zaragoza

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Ángel Guinda (Zaragoza, 1948)

Premio de las Letras Aragonesas 2010, Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) reside en Madrid.            

           Autor de los libros de poemas Vida ávida, La llegada del mal tiempo, Biografía de la muerte, Toda la luz del mundo (editado en las lenguas del territorio español y de la Unión Europea), Claro interior,  Poemas para los demás, Espectral o Caja de lava; de la Poética Arquitextura; de los ensayos breves El mundo del poeta, el poeta en el mundo (en esta misma colección) y ¿Para qué sirve la poesía? (inédito); de los manifiestos Poesía y subversión, Poesía útil y Manifiesto No.

            Su obra ha sido estudiada por Manuel Martínez Forega (Ángel Guinda: pus esplendoroso del cielo y Un claustro romántico) o Germán Labrador Méndez (Letras arrebatadas: poesía y química en la transición española). Representada en Poesía aragonesa contemporánea. Antología consultada (Antonio Pérez Lasheras, Mira Editores, 1996), Metalingüísticos y sentimentales. Antología de la poesía española 1966-2000: 50 poetas hacia el nuevo siglo (Marta Sanz Pastor, Biblioteca Nueva, 2007), 4 gatos: Otras voces fundamentales en y para la poesía española del siglo XXI (Agustín Porras, Huerga y Fierro, 2009) y Avanti: Poetas españoles de entre siglos XX-XXI (Pablo Luque Pinilla, Olifante, 2009).

www.angelguinda.com

Fotografía: Lucia Paprckova

 

 

22/01/2011 10:07 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL GUINDA HABLA DE 'ESPECTRAL'

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“NO DEJO DE SUFRIR CON LOS QUE SUFREN”

Ángel Guinda señala que "Espectral’ (Olifante) es un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir”.

 

Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) recibía el pasado mes de diciembre el Premio de las Letras Aragonesas por “el valor de una obra poética importantísima dentro de la historiografía literaria aragonesa, fundada en la poesía española pero expresada con un lenguaje renovador adherido a su compromiso estético y humano”. Ese galardón coincidía casi con la aparición de la antología ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’ (Olifante), preparada por él. Ahora, el autor de ‘Vida ávida’, ‘Claustro’ o ‘Conocimiento del medio’ publica uno de sus libros más complejos y ambiciosos, de un elevado nivel léxico y conceptual:’Espectral’ (Olifante. La Casa del Poeta. Zaragoza, 2011. 96 páginas), que llega estos días a las librerías y que se presentará el día tres de febrero en el Teatro Principal. El poeta, profesor, crítico literario y traductor explica las claves del poemario, de su escritura, de su vida y de las sombras que le persiguen.


¿Cómo se gestó ‘Espectral’?

Una noche de enero del año pasado, en Madrid. En una cafetería próxima al Museo Sorolla, mientras bebía un gintónic, contemplaba fijamente la calle a través de una imponente cristalera. Veía los enormes los faros de los coche, como fanales estallándome en los ojos, y recordé un poema de hace veinte años que ha sobrevivido a mis retractaciones; se llama ‘Desierto’ y dice: “Camino / sobre antorchas de silencio. / Oigo sombras: / son los pasos del sol.” Comencé a escribir.


¿Cuál era su estado de ánimo, qué zozobras le marcaban? ¿Dónde quería ir?
Mi estado de ánimo era y es feliz y vitalista… La procesión va por dentro. Desde niño tengo muchos miedos, cada vez más con el paso del tiempo: pánico a mí mismo, sobre todo; a las apariciones (que las he tenido), a desaparecer, a la voz de los muertos, miedo a abandonar, a ser abandonado, a la soledad, al dolor, a la decrepitud, a molestar a quienes amo, a soñar, a desear, a viajar solo por el mundo sin conocimientos de inglés… Quería ir al infinito, a la eternidad, a la nada.


¿Qué ocurrió durante la escritura? ¿Cómo fue en un sentido físico, de horarios, a mano o a máquina, qué leía, etc.?

Este poema lo he escrito en estado de trance, de arrebato, poseído por mis fantasmas, obsesiones y recuerdos personales. Lo he reescrito numerosas veces. Me levantaba temprano y comenzaba a pensar, a sentir, a evocar, a redactar a mano en el primer papel que encontraba y, permanecía atrapado hasta las diez de la noche. También en el Metro, en el autobús, en plena calle… De madrugada, me despertaba sobresaltado por una pesadilla y volvía a la carga: me levantaba, y a seguir. En esa época leía ‘Introducción a la metafísica’, de Bergson; ‘Manual del perfecto ateo’ (Anónimo), libros de parapsicología como ‘El otro lado del hombre’, de Miguel Lucas; libros de astrofísica… En poesía he releído a Dante (una de sus versos encabeza el libro), Pere Gimferrer, el Leopoldo María Panero de la primera época, Dylan Thomas, y también me he releído. Sigo el programa radiofónico ‘Milenio 3, de Iker Jiménez’.

Me quedo un poco desconcertado. ¿En qué momento supo qué libro quería hacer?
Aquella misma tarde de invierno en la cafetería.


Vayamos con el resultado final. ¿Qué libro cree que ha escrito?

Tal vez un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir, desde el vitalismo más atroz y despiadado. Un memorámdum existencial y poético, un testamento: “Os dejo a todos cuanto no he vivido”.


¿Cabría decir que aquí está Ángel Guinda, por completo, pero de otro modo?

Sí, pero fundamental y literariamente aquí está el dramatismo de mi propia experiencia de la poesía frente al anecdotario de la poesía de la experiencia como corriente actual.
De entrada podríamos decir que el libro es un autorretrato, un vómito, un ejercicio de desnudez y a la vez el libro de alguien que pertenece a un contexto social (un paisaje exterior y una época), y a sus sombras.Todo eso más la interiorización del mundo exterior, más determinados aspectos inexplicables que surgen del proceso evocador, de la exploración del misterio y de lo desconocido que llama a nuestro espíritu para un mayor reconocimiento propio.


¿Es consciente de que se trata de su libro más complejo, sobre todo de imágenes y de estilo literario, de metáforas, de enumeraciones, de registros verbales?

Lo he intentado. Por una parte he querido combatir uno de los tópicos de la literatura aragonesa: su carencia de imaginación. Por otra, he procurado expresarme y comunicarme en un lenguaje radicalmente poético, con figuras del realce expresivo como las citadas por usted más la sinestesias o confusiones sensitivas (secuela de mi experiencia con el LSD y otras sustancias psicotrópicas), las paradojas, antítesis, hipérboles, comparaciones…

Es un libro de imágenes de un observador del dolor ajeno, ¿no?
Toda imagen es una reproducción pero también una modificación idealizadora del referente. No dejo de sufrir con los que sufren.


Es un libro de lo cotidiano, de las pequeñas cosas, pero también de la trascendencia, del más allá. Un libro donde se habla mucho de la eternidad.
‘Espectral’ es una peregrinación meditativa desde lo natural a lo sobrenatural pasando por lo preternatural y paranormal.


Después de escribir un libro así, ¿ya se puede contestar qué es la poesía?
Además de palabras sin apenas palabras, intensidad frente a extensión, la poesía, como la belleza, es una aparición: unas veces constatación de la realidad, otra conspiración contra ella; a veces espejo y a veces espejismo y, siempre, una iluminación.

Dice: ‘Yo vivo en una nube de tabaco, la más lenta estrategia de suicidio. Oigo desafinar la orquesta de mis bronquios. El humo que respiro raspa como estropajo, lija como flor de alquitrán, tapona la roja arboleda de mi pecho y me ahoga’. ¿Es un homenaje a la ley antitabaco o expresas el drama del fumador que no puede dejar de fumar?

Más bien esto último. Patológicamente, desde hace cuatro décadas soy fumador compulsivo de dos paquetes diarios de cigarrillos. Una adicción terrible para la salud. Una instintiva técnica de autodestrucción. Es la única droga que no he conseguido superar.

¿Cuál es su postura ante la ley? ¿Es, como dicen algunos, una nueva forma de inquisición?

Conflictiva y contradictoria: como el poeta, como la vida misma. El ácrata idealista que llevo dentro se rebela contra determinadas leyes (de tráfico: me quedan cuatro puntos en el carné de conducir; antitabaco: fumo a escondidas en algunos lugares públicos) Pero el demócrata que soy me invita a respetar la ley y a pagar las multas cuando la incumplo.

Todo el libro posee un tono de búsqueda desesperada. ¿Por qué?

Búsqueda del yo, del yo épico disuelto en el yo lírico. Necesito ser dueño de mi identidad personal en tiempos en los que el Estado deshace individuos para hacer ciudadanos, el Poder nos anestesia para debilitarnos y la globalización nos uniforma para desunificarnos, desunirnos, y, en definitiva, desintegrarnos en seres despersonalizados.

El libro tiene la atmósfera de un diario, de un diario de viaje al interior y con el exterior. ¿Ha sido adrede?

Se trata de una expedición desde la oscuridad a las tinieblas por caminos de luz y ruido; desde el estruendo hacia el silencio, desde aquí y ahora al más allá y al mañana. Un libro testimonial, un memorial de sucesos personales tan impactantes como inolvidables, una agenda de acontecimientos que me han fundado, de técnicas de escapismo (como ciertas drogas) que me han confundido y colocado al borde del abismo.


Dice usted: “¿Mi vida es ya ese torpe buey tan lento, este viejo tractor que no se pone en marcha?” ¿Es esto pesimismo, retórica, temor a la vejez?

Pesimismo lúcido. Un eufemismo del acabamiento.


Siempre identifica la palabra y la vida. ¿Ha vivido así? ¿Qué habría sido de Ángel Guinda sin palabras?

Exactamente: escribir como se vive, escribir como se es. He intentado hacer vida la palabra y hacer palabra la vida. Vivo el silencio y convivo con las palabras. Sin ellas no sería nada, sería nadie, o acaso el misterio y la suprema sencillez de una piedra o una gota de lluvia.

¿Con cuántas sombras, con cuántos fantasmas, con cuántos espectros viaja Ángel Guinda?
Las sombras de cuanto he tenido y arrojé al pasado, de cuanto he perdido por no saber encontrarlo hacia el futuro; y todo lo presente me parece espectral como un mundo en el que no quiero vivir. No paseo, floto; y más que pensar necesito, como Larra, aniquilar para transformar.

Siempre me llama la atención por qué un hombre como usted, rebelde, pícaro, con mucho sentido del humor, es también un hombre trágico, atormentado, que convive con la muerte… ¿Tiene una respuesta Ángel Guinda?

Ante los demás, para no torturarles con mis tormentos, despliego la sonrisa, la carcajada y la ironía desdramatizadoras. Ante mí mismo me muestro cejijunto y torturado, como en el fondo soy.


¿Tiene la sensación de que ‘Espectral’ es el gran libro de su vida, el gran libro de su producción lírica?

Salvador Espriu me enseñó a vivir la creación poética como un aprendizaje. Intento hacerlo mejor constantemente. ‘Espectral’ no deja de ser un libro pequeño repleto de grandes cuestiones. Lo que me preocupa más es pensar qué puedo escribir, si es que sigo escribiendo, en adelante.


Siempre ha sido un defensor de la poesía útil. A la luz de ‘Espectral’, ¿dónde se asienta la utilidad de la poesía?

En su incitación al desconocimiento de la realidad adversa mediante la fuerza y posibilidades de la imaginación. En la invitación a la serenidad en los temas y momentos más graves de nuestra existencia.


¿Por qué ha escrito? ¿Por qué escribe? ¿Para seducir a sus cuatro mujeres, para contentar a sus suegras, para ser más famoso y tener discípulos…, para enloquecer con la belleza de algunas palabras? ¿Para encontrarse?

Para sofronizarme y para no morir. Para enloquecer de lucidez, para huir de la realidad con la imaginación y la existencialidad de las palabras. Las palabras son seres vivos, semillas cargadas con el silencio de los mundos. Rosendo Tello no se cansa de decir que soy un seductor; Carmen Sender, que fue mi profesora, dijo que soy un creador de lenguaje; Manuel Martínez Forega: un romántico; el escritor y periodista Roberto Miranda: un heterodoxo; mis mujeres: un anciano muy niño; y mis suegras: un yerno cariñoso.

 

*La foto de Ángel Guinda pertenece a José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo.


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