FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN AL LIBRO Mis 100 vistas son tan sólo un homenaje a Hokusai, y con él a los antiguos locos, algo así como una paráfrasis; pero en ellas no se encontrarán tan claras referencias al eje permanente, sólo la simetría constante de las formas geométricas más simples. En cualquier caso, se trata de un esfuerzo para dar cuerpo sensible, en un modo adecuado al soporte y a la materia pictórica, a lo que podríamos llamar intuiciones intelectuales, con el objetivo de fijarlas en el interior, Ab Intra Ad Intra. Por lo demás, no he ordenado mi trabajo tratando de expresar secuencias consecutivas, casi temporales, de un viaje, digamos iniciático. Cada una de las pinturas es, sin dejar de ser parte de un proyecto, independiente dentro de la serie y como tal ha surgido, cada una de ellas es el resultado de una pequeña meditación sobre lo atemporal, olvidando el pasado e ignorando el futuro o, mejor, tratando de asumir pasado y futuro como aspectos del presente. Así, he dispuesto las páginas siguiendo impulsos casi exclusivamente estéticos, como un niño cuando ordena sus lápices de colores. Mi trabajo no va más allá, no quiere ni puede ser una guía para viajeros. En cuanto a las líneas que acompañan las imágenes, se trata tan sólo de algo así como comentarios breves, como títulos largos; no pretenden ser obra de poeta —no sé de letras—, y debo advertir que, para colmo, cuanto aquí el lector encuentre es plagio. El lector podrá afirmar, sin error, que para tan poca cosa he plagiado a los presocráticos, a los neoplatónicos y los cantos de los nativos americanos. Descubrirá que he copiado a los taoístas, a los hindúes, que me he aprovechado de aquellos que, como Rumi o Nizâmî, comprendieron la coherente belleza de las formulaciones del sufismo. He imitado a aquellos españoles carmelitanos, a los Fideli d'Amore, a los renanos del medievo y, entre los recientes, me he remitido a Frithjof Schuon, a Seyyed Hossein Nasr, mis maestros, e incluso a John Keats. Que me perdone el lector, y sepa que si no me sonrojo remedando penosamente a los antiguos es sólo porque querría parecerme a lo que ellos, dejando de ser, fueron. Vicente Pascual |