a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada
 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

"a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada"

Buenas tardes. Antes de nada quiero agradecer a Trinidad por habe acogido este libro en una de sus admirables colecciónes de poesía y a Ángel Guinda, pues a él se debe la coherencia que pueda haber en este opúsculo.

También a José Corredor Matheos su generosidad al escribir el prólogo, un prólogo tan bello que, de haber existido antes que los poemas, los hubiera hecho innecesarios.

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a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada”, como he dicho, es una selección que ha realizado Ángel Guinda de una larga serie de breves poemas que, por alguna razón, me han venido al espíritu con una regularidad que me asombra. Nunca, hasta hace un par de años, me había sentido demasiado atraído por la poesía, lo confieso, pues la pintura saciaba toda mi necesidad creativa. Pero un desmoronamiento de mi salud me llevó, sin que yo nada planeara, a satisfacer ese impulso a través de breves poemas.

Dicen que dijo Plutarco: “La poesía es pintura que habla, la pintura es poesía silenciosa” (Poema pictura loquens, pictura poema silens). Y yo creo que tenía mucha, pues ambas artes tienen como objeto la imitación del modelo de las ideas paradigmáticas que podemos intuir, y darles cuerpo y forma sensible con el fin de hacerlas presentes aquí y ahora, y fijarlas en el corazón.

Podríamos decir que la poesía, que se desenvuelve en el tiempo, tiende a hacer presente el mito, a reactualizarlo: el primer acto de amor, la primera expresión de la vida, el primer sacrificio en el orden primordial. Y que la pintura, que se despliega en el espacio, tiene como objeto asentar los arquetipos formales en el mundo de los sentidos.

Como he mencionado, con la pérdida de mis fuerzas físicas para pintar empezó a cerrarse una puerta, pero inesperadamente otra se entreabrió, fue en ese momento que comenzaron a llegarme algo así como ideas que al principio tenían forma de aforismos, luego otros que tomaron la forma de haikus un poco heterodoxos; esto dio lugar a mi primer libro de poesía: "Las 100 vistas del Monte Interior", Y, desde hace unos dos años vienen como cancioncillas tan simples que parecen del “corro de la patata”. Seguramente porque mi preparación literaria es bien poca. Este libro que ahora trato me publica Olifante reune coplillas de este tipo.

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En cuanto al contenido, como es lógico, procede de los temas sobre los que el destino me ha conducido a meditar más frecuentemente en los últimos tiempos.

Para encabezar el libro me he aprovechado de una hermosa leyenda del próximo oriente. Se trata de la historia de amor de Majnun, que en árabe significa “el loco” y de Layla, que podemos traducir como “la noche”. Pues bien, resulta que desde muy jóvenes se enamoraron, pero el amor que sentía Majnun era más intenso de lo que su corazón podía resistir. Perdió eso que llamamos cordura y la familia de Layla consideró, dada su locura, no debían consentir la unión de estos amantes. Majnun marchó al bosque donde se ocultó y vivió en paz con los animales salvajes. El caso es que viendo que Layla palidecía de nostalgia, su familia decidió reunirlos. Llegado el momento, cuando los amantes se vieron, corrieron el uno a los brazos del otro, pero cuando estaban ya muy cerca, ambos se detuvieron y se separaron. Ambos temieron que la proximidad del amante les hiciera perder el gozo del recuerdo de su modelo celeste, ambos temieron que el reflejo terrestre empañara la evocación del origen misterioso de su amor.

Pero, en fin, por suerte sabemos que Majnun y Layla están ahora muy tranquilos y radiantes, en una muy simple cabaña.

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El contenido de esta leyenda es análogo al que me ha llevado a escribir estos versos y que da título a este pequeño libro.

 

La Vida: concebida como el recuerdo del objeto del amor, donde los amantes respiran, donde encuentran salida de un mundo asfixiante, un mundo plano y moribundo.

 

La Muerte: entendida como la extinción en el recuerdo del amor, cuando los amantes se engrandecen desapareciendo. Donde su pequeño ego rompe con los deseos mezquinos.

 

La Bienamada: pues es en ella donde el amante encuentra orientación para su vida y es en ella que encuentra el camino a la dulce muerte.

Es en el “buen amor” donde muerte y vida coinciden. Cuando germina ese instante eterno donde los aparentes opuestos se encuentran, en el que noche y día concuerdan. Es en el "buen amor" donde se halla ese centro que está por todo, ese aquí en el que las cuatro direcciones, el cenit y el nadir son un solo punto ilimitado.

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Recuerdo que hace unos años, un filósofo y buen amigo comentaba que la admiración que podemos sentir por la sobria dignidad del samurai o en el antiguo guerrero piel roja, procede de que percibimos su conciencia de que mañana pueden morir.

Es, quizás, la idea tan generalizada actualmente de que el recuerdo de la muerte es mórbido, que no puede ser sereno ni mucho menos gozoso, lo que ha convertido este mundo en el que nos movemos en algo trivialmente triste y carente de profundidad.

* * *

Pero el sol sigue saliendo, y es por eso que el primer poema para otro libro que estoy preparando dice así:

Estos son los romancillos
que en las noches yo escribí,
Esperando hacerme rico
y de ellos poder vivir.


Muchas gracias a ustedes, muchas gracias por acompañarnos en una tarde hermosa.  

Vicente Pascual
Biblioteca de Aragón. 24 de abril de 2008

Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza, 1955)

Nacido en Zaragoza en 1955, había manifestado siempre su necesidad creativa mediante la práctica de la pintura. La exclusividad de este medio fué interrumpida cuando, en 2006, Olifante. Ediciones de Poesía publicó "Las 100 vistas del Monte Interior. En Recuerdo de los Antiguos Locos" una obra que conjuga 101 pinturas del autor con otros tantos poemas. En 2008, Olifante. Ediciones de Poesía publicó "a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada. Cancioncillas y cancionejas" en su colección Papeles de Trasmoz.

En 1970 formó con su hermano Angel Pascual la “Hermandad Pictórica” bajo cuya denominación presentó su obra hasta 1989.
En 1976, tras una larga estancia en oriente, descubrió los escritos de Frithjof Schuon, Seyyed Hossein Nasr y Ananda K. Coomaraswamy cuya perspectiva filosófica influyó de manera definitiva en su concepto de la práctica creativa.

En 1992, después de más de una década trabajando en Campanet, Mallorca, Vicente Pascual trasladó su estudio a los Estados Unidos -en Bloomington, Indiana, al comienzo y Washington D.C. después- donde su obra sufrió una severa transformación, abandonando la forma de paisaje reconocible que revestía sus pinturas para concentrarse en los ritmos geométricos constantes en la naturaleza, dando paso, a partir de 2000, a un trabajo en el que las formas quedan reducidas a los mínimos fundamentales y el color a su expresión más austera.

A mediados de 2003 retornó a España. Actualmente vive y trabaja en Utebo, Zaragoza.
Vicente Pascual ha realizado cerca de un centenar de exposiciones individuales y su obra está presente en numerosos
museos y colecciones internacionales.
La singularidad de su trayectoria ha dado lugar a una extensa
bibliografía.


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