Gabriel Sopeña

Gabriel Sopeña

La Noche del Becerro

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Algunos Poemas

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Dame una noche

La saeta del norte
marca una pirueta en mi corazón:
yo te dije que ocurriría así.

Necesito tu fuerza,
soy un náufrago buscando el interior
y tú ganaste la orilla antes que yo.

Dame un alba que jamás llegue a nacer,
dame un fuego que nunca consiga arder,
dame un ansia que no pueda comprender.

Dame una noche.

Declaración soez a Roberta

La habitación de la insolencia es ancha
como los veintitrés años
y la mano suave
de vello castaño
que agita tempestades a través del ritmo.

Euterpe

BRÍNDAME tu gozo y he de amarte,
Euterpe, hasta que un golpe de risas arremeta
contra las secuencias y arrumacos de los libros.
Tendré en cuenta tu desdén para cuando haya
que recordar en voz muy baja las derrotas.
Y he de ser severo, muy severo:
el contacto de tus besos lo merece.

Inspiración

PERMITE que te escupa, sucia diosa,
desde el primer vocativo.
Permíteme también que te aniquile
por medio de las preces que te nutren.

Victoria

VICTORIA para quien alude a los misterios.
Soy el misterio.
Victoria para quien traspasa la intención.
Soy la intención.
Victoria para quien desgrana los acordes.
Soy un acorde.
Victoria para quien condena la palabra.
Soy la condena.

Invitación al desastre

VOLVERÉ a cavilar bajo tu vientre sólo
para creer que en la lejana China los placeres
son abarcables,
para luchar por entender las lides fieras
de los párpados persas
y para sopesar injustamente las pasiones
de Sansón.
Volveré a cabilar bajo tu vientre
si permites
que mi piel se destense, odre vacío,
dentro de tu copa roja.

Canción de la retirada

DESASTRE tras desastre me comprendo
como el buque que revienta contra rocas
de países imposibles.
Es entonces cuando brota infame
la palabra más dura de mi boca:
poema, digo, y de repente
me obligo a confusiones que me ayudan:
tortura, terquedad, patrias perdidas,
amor, guerra, padre mío.
Y escribiendo me alcanzo en desbandada,
como ejército vencido que renuncia.