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Dame
una noche
La
saeta del norte
marca
una pirueta en mi corazón:
yo te
dije que ocurriría así.
Necesito
tu fuerza,
soy
un náufrago buscando el interior
y tú
ganaste la orilla antes que yo.
Dame
un alba que jamás llegue a nacer,
dame
un fuego que nunca consiga arder,
dame
un ansia que no pueda comprender.
Dame
una noche.
Declaración
soez a Roberta
La
habitación de la insolencia es ancha
como
los veintitrés años
y la
mano suave
de vello
castaño
que
agita tempestades a través del ritmo.
Euterpe
BRÍNDAME
tu gozo y he de amarte,
Euterpe,
hasta que un golpe de risas arremeta
contra
las secuencias y arrumacos de los libros.
Tendré
en cuenta tu desdén para cuando haya
que
recordar en voz muy baja las derrotas.
Y he
de ser severo, muy severo:
el contacto
de tus besos lo merece.
Inspiración
PERMITE
que te escupa, sucia diosa,
desde
el primer vocativo.
Permíteme
también que te aniquile
por
medio de las preces que te nutren.
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Victoria
VICTORIA
para quien alude a los misterios.
Soy
el misterio.
Victoria
para quien traspasa la intención.
Soy
la intención.
Victoria
para quien desgrana los acordes.
Soy
un acorde.
Victoria
para quien condena la palabra.
Soy
la condena.
Invitación
al desastre
VOLVERÉ
a cavilar bajo tu vientre sólo
para
creer que en la lejana China los placeres
son
abarcables,
para
luchar por entender las lides fieras
de los
párpados persas
y para
sopesar injustamente las pasiones
de Sansón.
Volveré
a cabilar bajo tu vientre
si permites
que
mi piel se destense, odre vacío,
dentro
de tu copa roja.
Canción
de la retirada
DESASTRE
tras desastre me comprendo
como
el buque que revienta contra rocas
de países
imposibles.
Es entonces
cuando brota infame
la palabra
más dura de mi boca:
poema,
digo, y de repente
me obligo
a confusiones que me ayudan:
tortura,
terquedad, patrias perdidas,
amor,
guerra, padre mío.
Y escribiendo
me alcanzo en desbandada,
como
ejército vencido que renuncia.
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