Ranura

Ranura











Paz Guerrero

Una casa vacía

‘Canal estrecho y largo que se abre en un madero, piedra u otro

material, para hacer un ensamble, guiar una pieza movible, etc.’,

esta es la primera acepción de ranura que leemos en el Diccionario de la lengua española; la segunda remite a ‘hendidura’, que se define como ‘corte en una superficie o en un cuerpo sólido cuando no llega a dividirlos del todo’. A partir de ahí, la poesía indomable y enérgica de María Paz Guerrero, de una belleza irrespirable e impetuosa, bien podría consistir en ranurar, hender, abrir una herida en una demarcación –la piel del mundo, la corroncha áspera de la realidad, la costra endurecida y seca que tapona la fertilidad de los imaginarios colectivos, por ejemplo– con la intención de taladrar el manto del habla gregaria o tribal, lograr que por ese orificio se desagüe esta vida perra y canalla y hallar así la senda o la deriva, como diría Deleuze, de una lengua extranjera que sea para la poeta, y para quien la escucha, no tanto una patria o un sitio común de identificación como, sin más, un lugar en el que la existencia, de nuevo, pueda abrirse en canal, una zona en la que la palabra recobre ese aliento desobediente, perturbador y rebelde con el que desnombrar el mundo, recreándolo de nuevo, a partir de una apuesta radical por una poética sostenida sobre una ruptura incontestable con lo establecido.

Se habita aquí en una casa vacía que puede entenderse como

la asombrosa y turbulenta metáfora de un lenguaje-mundo que se resiste a ser leído, un recinto en el que enroscarse en la palabra 9y aprender a ser analfabeta cultivando un hueco en su interior, un espacio huero y agrietado en el que, a partir de la carencia, se alcance a pensar. Toca pensar, ese es el llamado al que parece convocarnos la poesía de María Paz Guerrero. Y ahí explota la negativa, la agitación y el desanclaje, «No y bullir», pero es un no que contiene un sí, un sí que no es ni más ni menos que la huella de una desgarradora insurgencia, un puede ser, un quizás, un desafío que nos abisma, conmueve e interpela proponiéndo nos leer y escuchar la palabra desubicada y errante que, como un vendaval, arrastra esta poeta desde el afuera de sí misma, la palabra de quien intenta hablar desde otro sitio, con otra jerga –la lengua ajena que brota en el exterior, a la intemperie, que se corresponde con la de los que no se doblegan ni se someten y permanecen «afuera a toda hora»– o, utilizando la misma que nosotros, lo hace de un modo distinto, una provocación necesaria que incorpora la impropiedad y, con ella, el riesgo de la pérdida de la analogía, con el deseo, acaso, de dar con otra equivalencia más compleja. Ahí germina esta palabra impura, infectada y mestiza, palabra que es gente que camina a la búsqueda de una identidad nómada, sin denominación de origen ni destino marcado, como sucede en poemas donde se explora la posibilidad de otra lengua, armados desde el empeño de «cerrar la boca» no para otorgar razón o autoridad o reblar ante nadie sino para dar paso

al acontecimiento de una palabra rota y diferente, libre incluso

de sí misma. Y nada vale nada si no es algo que se pueda perder.

Reúne este volumen una muestra de la singular y desconcertante poesía de María Paz Guerrero recogida en sus tres libros ya publicados –Dios también es una perra (2018), Los analfabetas (2020) y Lengua rosa afuera, gata ciega (2021)–, una selección que se completa con algunos inéditos que dan cuenta de una voz dotada de una formidable potencia crítica.


(fragmento del Prólogo)

Alfredo Saldaña

Nota Biográfica

María Paz Guerrero (Bogotá, Colombia) es autora de los poemarios Lengua rosa afuera, gata ciega (Himpar, 2021), Los analfabetas (La jaula publicaciones, 2020) y Dios también es una perra (Cajón de Sastre, 2018), traducido al inglés, God is a Bitch Too (Ugly Duckling Press, 2020). Sus poemas aparecen en las antologías Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas, 1989- 1964 (Vaso Roto, 2019) y Moradas interiores. Cuatro poetas colombianas (Universidad Javeriana, Colección de Poesía, 2016). Hizo la selección y prólogo de La Generación sin Nombre. Una antología (Universidad Central, 2019) y ha publicado el ensayo “El dolor de estar vivo en Los poemas póstumos de César Vallejo” (Universidad de los Andes, 2006). Literata de la Universidad de los Andes, Bogotá, Máster en Literatura Comparada de la Université Sorbonne Nouvelle-Paris 3, actualmente cursa un doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza. Trabaja como profesora a tiempo completo en el Departamento de Creación Literaria en la Universidad Central (Bogotá).


Foto: Fernando Saldaña Sagredo

Poema

Vamos a hacer que tú y yo nos encontramos,

y nos devoramos

succionas, máquina extractora

la misma retórica, dices cari cari cari-dad

y la gata se relaja porque solo espera

Le decían y no podía

el pozo del silencio,

le decían y se partía

llorarás llorarás y llorarás

le decían y se caía, alambre

nos olisqueamos

la fuerza del sedante

sin nadie que te consuele

el ruido de la constelación

nos meneamos

la rotonda aérea

todo es chasquido

la vida dura, dura