Simas del aliento
Simas del aliento se publica como proyecto de difusión del Premio a la Promoción del Talento Artístico 2024, que fue otorgado por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra a Celia Carrasco Gil el día 8 de mayo de 2024.
Edición con CD
El CD de Simas del aliento, al cuidado de Fernando Rivera y Alberto Lamora, contiene la lectura del libro en la voz de Celia Carrasco Gil. Su recitado se abre y se cierra con un preludio y una coda compuestos por la poeta e interpretados por Marta Huarte (soprano), Ana Olaso (mezzo), Aitziber Etxarri (alto), David Echeverría (tenor), José Antonio Hoyos (barítono) y Sergi Moreno-Lasalle (bajo), solistas de la Coral de Cámara de Pamplona, que han grabado ambas obras bajo la dirección artística y de montaje técnico de David Gálvez Pintado.
Ímpetu, temblor, intemperie. ¿Y qué otra cosa va a buscar uno a la poesía? He aquí un libro que trata de eso mismo: un descenso a plomo que busca las grietas del ser, la oscura gelatina de la última inconsistencia. Celia Carrasco Gil vuelve a merodear en Simas del aliento en torno a esa necesidad de desarbolar (sic) la identidad y exponerse, más allá de la inútil cobertura de la voz, a la íntima ofuscación que es dejar de reconocerse en lo que ya es solo parte de un afuera (la voz, el cuerpo, el yo) que ha terminado por no ser nuestro. «Dejar el yo / como quien cede / el pulso / a su unidad primera, la espesura», dice un poema. Desde esa actitud de abandono la poeta consigue abrir un espacio (in)suficiente donde fundar un lenguaje que no cabe en la superficie del habla sino en esas simas que llevan a una hondura primor-dial y sin nombre: la profundidad de los fundamentos.
Poesía que revela, una vez más, el desajuste ontológico del ser. Ahora el soplo, el aliento, el gesto o la pequeña catástrofe de la respiración han de ser los signos de una seguridad que no se halla en el ejercicio exterior que es nombrar. «Espiras porque eso te prolonga / hacia lo que intuyes / y no ves». En la noche, en la nada, en el vacío, en las últimas espinas de lo visible y de lo cierto ha indagado Celia Carrasco Gil hasta dar con señales de pertenencia que la devuelvan al murmullo de un origen común, el mismo rumor que exhalan los roces y las erosiones, el latido de las oquedades, el fluir de las emisiones sigilosas. Un itinerario donde los bordes hacen la función de un centro que ha perdido razón de ser: ¿Qué es lo que te alienta?, podrían preguntarte.
Acaso, te respondes, esta coronación de la intemperie que asciende de lo hondo.
Tomás Sánchez Santiago
Algunas de las primeras versiones de los textos que hoy conforman Simas del aliento han visto la luz previamente en antologías, publicaciones periódicas y libros de fotografías y poemas. «Mariposa» se publicó en Occulta Verita (Olifante, 2025), un álbum de fotografía artística de Juan Moro, con textos de diferentes poetas. «Carne en flor» apareció en Silvestre (Traslapuente, 2025), un libro de fotografías de Manuel Arriazu, sobre flora del entorno de las Bardenas, con textos de distintos autores. «Resonancia» se publicó como apertura del libro Valores en salud y sanidad (Traslapuente, 2024), coordinado por el comité de ética asistencial del área de salud de Tudela.
Los poemas «Manos», «La liturgia», «Asombrados», «Centro», «Incensario» y «Piedra y agua» aparecieron en diciembre de 2024 en el número 190-191 de la revista Rolde, bajo el título conjunto de Nocturno en carne y verbo. «Solo partir» y «Alas» se publicaron en el libro Recogeré mis cosas. La última poesía en Zaragoza (Cábula, 2024). Por su parte, las primeras versiones de los poemas ahora titulados «Cripta», «El sendero», «Piedra», «Clorofila», «El árbol», «Silvestre», «Labor de araña», «Serpiente», «(P)alma», «(Hu)eco», «Grieta», «Luna», «Decir de ruina», «Azul», «Marisma» y «Azulejo» fueron escritas en el transcurso de una Beca Barcelona Crea 2023, concedida por el Ajuntament de Barcelona y el Institut de Cultura de Barcelona, dentro de un conjunto más amplio titulado Solo (hu)eco, que ha sufrido cambios sustanciales a lo largo del tiempo y se ha visto reescrito y reintegrado parcialmente en Simas del aliento.
Debo este libro a mi familia, que siempre está ahí. Al ecosistema de paisajes y presencias –humanas, animales– con el que resueno entre España y Canadá. A Alfredo Saldaña, ese primer lector que habita, generoso, la intemperie de todos mis desiertos. A Trinidad Ruiz Marcellán, que confía plenamente en las voces que me escriben. A Juan Luis Suárez, que sabe de la escucha y también del lenguaje de los árboles. A los tres, junto con Pepe Alfaro, por haber apoyado mi proceso creativo y haber ofrecido su respaldo a una obra que no existía ni en forma ni en palabra, impulsando la posibilidad de este proyecto. A Tomás Sánchez Santiago, por haberse adentrado con su solapa en las profundidades de este aliento. A la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra y al jurado del Premio a la Promoción del Talento Artístico 2024, por haber creído en lo que aún no era y haberme permitido emprender la aventura sonora de estos versos. A María Camino Barcenilla, por haberme acompañado en la coordinación de quienes han dado vida a esta obra. A Fernando Rivera y Alberto Lamora, por su cuidadosa edición del audio y su extrema atención hacia las vibraciones y los silencios del poema alado. A Marta Huarte (soprano), Ana Olaso (mezzo), Aitziber Etxarri (alto), David Echeverría (tenor), José Antonio Hoyos (barítono) y Sergi Moreno-Lasalle (bajo), solistas de la Coral de Cámara de Pamplona, por haber elevado hasta el canto el preludio y la coda que abrazan estas Simas del aliento. Y por supuesto, a su director artístico y de montaje técnico, David Gálvez Pintado, por sus valiosas aportaciones creativas, por haber sabido escuchar lo que no estaba escrito y por haber enriquecido la melodía original de «Simas del aliento» y «Alas» con sus armonizaciones corales, desde su gran sensibilidad y maestría.
Foto: Clara Carrasco Gil
Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000) ha publicado los libros de poesía Entre temporal y frente (Olifante, 2020), Selvación (Torremozas, 2021, XXII Premio de Poesía Joven Gloria Fuertes), Limos del cielo. Poesía 2016-2022 (Ediciones del 4 de agosto, 2022) y Rupestre (Olifante, 2023). Algunos de sus poemas han sido recogidos en antologías como Todos los dioses. Antología panhispánica de poetas jóvenes del siglo XXI (Ultramarina, 2022), Recogeré mis cosas. La última poesía en Zaragoza (Cábula, 2024) o Poetas de las generaciones Y-Z. Navarra 1981-2003 (Gobierno de Navarra, 2025). Ha colaborado en diversas revistas literarias, culturales y académicas especializadas y ha participado en festivales poéticos, encuentros y congresos académicos nacionales e internacionales. Sus proyectos creativos han sido apoyados por diferentes instituciones literarias y culturales, y entre sus reconocimientos destaca el Premio a la Promoción del Talento Artístico 2024, concedido por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra. Actualmente, como becaria de la Fundación Ramón Areces, cursa su doctorado entre Western University (Canadá) y la Universidad de Zaragoza, donde realiza una tesis sobre poesía, arte digital y enactivismo y forma parte del CulturePlexLab y del Laboratorio de Investigaciones Literarias Abisal Margen.
Salta la piedra,
un potro de la luz,
un cuerpo evaporado sobre sí,
y arde el camino
–sangre de arena enfebrecida–,
mientras la voz, columna gaseosa,
sublima su desierto.
Vientos baldíos
de garra musical
burilan pentagramas en la tierra
como animales
que entonan su oración
en el bisel del tiempo.
Y en las ruinas cantoras del barranco
una roca de fuerza aleteante
recuerda
que antaño fue fugaz en su existir
de soplo y de burbuja
–o de sueño que asciende para ser,
como también la carne,
solo materia informe convertida–.
¿Ves el polvo del cierzo, su canicie
o el aire de una edad que se derrama
en la piel de tu mundo?
Así es como la historia salvaguarda
–hermoso relicario del ayer–
sus memorias de lumbre.
¿Y qué decir entonces de los surcos
que exponen sus recuerdos a la luna
con gestos intangibles?
En la noche ondulada del deseo
solo cabe esa forma
de nombrar cada herida de vivir
en su extensión abierta a lo posible.
Y de pronto comprendes, en silencio,
que al margen del camino no hay silueta,
tan solo un menguar y disolverse
en torno al afuera de la escucha.
Haces de ti acogen
encantos milenarios del planeta
y oyes la intención de sus esporas,
las reverberaciones de un entorno
que en el timbal del tiempo repercuten.
J’écris le désert.
Si forte est la lumière
que la pluie s’est volatilisée.
Il n’y a plus que le sable
où je passe.
Edmond Jabès
En caso
de ahogo busque el desierto. Sólo
limpieza y huesos, luz
arenosa, hálito, no hálito.
Olvido García Valdés
Hay un afuera en ti
donde la piel no desconoce
sus misterios.
Ahí, el tiempo desdibuja
una grieta en el pozo de la luz.
Y el aire del entorno,
postrado ante la herida milenaria
de tu llaga entreabierta,
asoma su palabra
hasta insuflar
en tu carne las simas
de su aliento.
En la gruta del ser, en tu desierto,
caes hacia las cimas de una arena
donde el cuerpo bordea
con la luz.
Vacías en los márgenes del mundo
las huellas-cicatrices de una historia
cernida sobre ti.
Con la herida en la carne,
atemperas la esquina de las rocas
y sus interrupciones.
Calmas la sed
en el continuo oasis de los cielos.
Dejas que el aire cueza cada grieta,
lo que fuiste, tu arcilla
de existir.
De la región del blanco
surge
una forma ya quieta, erigida
en la nada.
Pareciera ser miel pero es
rescoldo
de un pájaro encendido entre la arena.
Aquí
todo se mezcla en fósil,
en el cuerpo mestizo que despunta
si el vértice del aire
alza su caracola
de mares en la lengua.
Y en la extensión sin cauce de esta llaga
solo queda el sigilo
como corcel que intuye
cuándo viene
la noche
a inundarnos el hueso.
Si en el silencio de la luz
se proclamase
tu cuerpo como cripta,
recinto subterráneo, tumba
y concavidad de los impulsos,
sueño sería el hongo que encendiera
la descomposición de tu organismo,
el límite del ser junto a la roca,
cráneo del firmamento
y accidente
rugoso
que fosiliza el gesto
en sus retortijones
de hermosura.
La nada,
qué semilla de ser en lo intangible.
Solo la luz,
su vibración total sobre el abismo.
Los pies bajo la tierra. El latido del nombre.
Saberse flor del tiempo
que ha agrietado la roca del olvido.
En la garganta abierta al desgaste de los siglos,
los pasos repercuten en el timbal del tiempo.
Tañen un ritmo leve de vivir,
un gránulo del ser
donde el latido personal se desintegra.
Se ha estrechado el camino.
Pero el aire encuentra la manera de nombrar
las simas de su aliento.
Remeda entre las grutas
la forma contenida en la dicción
de un cuerpo-fósil
menguado sobre sí,
un mineral que enrosca su secreto.
Entre las oquedades fluye el canto.
Anonadarse ahí.
Bal-
bucear
por sus galerías subterráneas.
Entregarse al vacío milenario del desierto.
Tocar la piedra
hasta que el gesto entone
su propia vibración,
una oda por la carne
del silencio.
Escuchar cómo la voz se desvanece
pero queda
el roce de existir.
Perdura aquí
la sal,
el oleaje antiguo del misterio.